25 de Mayo de 1810: Nace la Patria


En las primeras horas de la madrugada, algunos patriotas se dirigieron a la casa del síndico Leiva para anunciarle que Saavedra y Castelli renunciaban a la flamante junta que presidía Cisneros. El amanecer del 25 frío y lluvioso no invitaba a salir a la calle. Sin embargo, los capitulares acudieron al edificio del Cabildo bien temprano y se encerraron en la planta alta.
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A las 9:30 consultaron a los jefes militares: no respaldarían el sostenimiento del virrey. Mientras tanto, hombres dirigidos por French ocupaban sectores de la plaza de la Victoria, entre el Cabildo y la Recova. Saavedra y Beruti ingresaron a entrevistarse con los cabildantes y les entregaron la lista con los nueve nombres que debían conformar la nueva Junta.

El Alcalde Juan José Lezica les agradeció el listado y dijo que sería tratado por el cuerpo capitular. La puerta se cerró. Era tiempo de esperar. Muchos de los postulados para gobernantes se reunieron en la casona de Azcuénaga, frente a la Recova, en las actuales Rivadavia y Reconquista.

El hermetismo en la sala de reuniones, el frío mediodía y la lluvia atentaron contra la paciencia de los hombres. Desde la Plaza gritaban: “¡El pueblo quiere saber lo que se trata!”, intentando apurarlos. French arrimó al Cabildo varias hojas con firmas de vecinos que reclamaban la instalación de la Junta y aclaró en términos nada confusos que el tiempo de las decisiones se agotaba.

A las tres de la tarde, Saavedra, Paso, Moreno, Alberti, Azcuénaga, Belgrano, Castelli, Larrea y Matheu se hincaron frente al crucifijo y juraron “desempeñar legalmente el cargo”. Fue el acta de defunción del virreinato, el gobierno patrio había nacido.

 

Feliz día de la Patria!!!!

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¿Qué pasó el 24 de mayo de1810?


El voto de los asistentes al Cabildo Abierto del 22 había sido contundente: El virrey debía cesar en el mando. Pero los funcionarios querían mantenerlo. Resolvieron encontrar cuatro aceptables integrantes para completar una junta que presidiría el (no tan) depuesto virrey. La cuidada elección recayó en tres criollos (Saavedra, Castelli y el sacerdote Juan Nepomuceno Solá) más el español José Santos Inchaurregui.
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A las tres de la tarde los cinco integrantes de aquella primera Primera Junta se arrodillaron frente al crucifijo, en el piso superior del Cabildo, y juraron fidelidad al rey. Cisneros dijo palabras de rigor y, una vez concluida la ceremonia, el flamante quinteto se dirigió al fuerte, su sede de gobierno. Los capitulares se abrazaron: aun frente al avasallador resultado electoral del Cabildo Abierto, el virrey seguía a la cabeza.

Los promotores de la Revolución, en cambio, no celebraron. Esa noche, Saavedra y Castelli fueron increpados en la casa de Rodríguez Peña. Dos decisiones fundamentales se tomaron esa madrugada: los vocales renunciarían al amanecer y se presionaría al Cabildo para que aceptara la creación de una nueva Junta. Estaría integrada por un presidente y ocho vocales; dos de ellos, vocales secretarios.

La idea de un gobierno de nueve hombres fue de dos de los participantes en esa reunión secreta: el sacerdote Manuel Alberti y su amigo, el comerciante catalán Domingo Matheu.

Con la lista definida en aquella casa, partieron con sigilo a sus casas. Los esperaba una complicada jornada el viernes.

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Sergio Denis


No me digas más
que todo es tan duro,
amo este lugar,
creo en el futuro…
Yo no sé porque
lo ves diferente,
basta con estar ,
ser como la gente…
Y después sumar
y aceptar que somos
como los demás
que no estamos solos…
Y quedarse aquí,
seguir codo a codo,
este es mi país, el nuestro, el de todos…
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos…
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo…
Yo siempre estaré
viviendo con todo,
dando lo mejor,
dándolo a mi modo.
No voy a parar
y que todos sigan
peleando con fe,
dándole a la vida…
Y quedarse aquí,
seguir codo a codo
este es mi país, el nuestro, el de todos…
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos…
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo…
A pesar de todo seguimos luchando,
a pesar de todo seguimos sintiendo,
a pesar de todo seguimos amando,
a pesar de todo seguimos creyendo.
Este cielo, esta casa, este sol,
todo lo que amamos…
Nuestra forma de ser, de vivir,
las cosas que cambiamos.
El orgullo de ser lo que soy,
de ser lo que somos,
que el pasado no mató al amor
a pesar de todo…

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Mariano Moreno: El alma de la Revolución


Mucho se ha escrito sobre la Revolución de Mayo y sus protagonistas. Algunos historiadores lo hicieron con rigor académico y otros con una rara cuando no tendenciosa mezcla de éste y de sus personales posiciones ideológicas.
Para los primeros don Cornelio de Saavedra fue el centro sobre el que giraron los hechos de esa trascendente semana de Mayo.
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Los segundos trataron y tratan de ver en Mariano Moreno el “númen”, “el motor”, “el espíritu”, “el alma” de la Revolución y más recientemente como el “prócer del Bicentenario”
Si separamos, como se dice en el campo, la paja del trigo o sea los panegíricos y apreciaciones personales de lo que los documentos y protagonistas de la época nos dicen podremos tener una lectura más fina de los hechos.
A diferencia de lo sucedido en las gloriosas reconquistas de Buenos Aires en 1806 y 1807, la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente.

La Buenos Aires de entonces

Buenos Aires, en aquella época tenía aproximadamente 50.000 habitantes, los vecinos “de distinción” (los que debieron ser llamados a resolver el asunto) rondaban los 3.000; el Cabildo invitó solamente a 500 de los que apenas concurrieron 224 y de ellos votaron por la cesación del Virrey 155. ¿Podemos decir que el “pueblo” participó en esta gesta o es más apropiado decir que solamente un grupo de civiles encabezados por Saavedra fueron los que se jugaron por el movimiento?
Creo que la palabra “pueblo” se debe utilizar en su mayor acepción… y ésta se puede, de alguna manera, medir por la cantidad de personas dentro del total que tiene una participación activa y decisoria.
Como pequeña muestra de ello traigo a colación el sincero comentario que el Notario Mayor del Obispado (no precisamente un ciudadano común) don Gervasio Antonio Posadas dejaba para la posteridad en sus “Memorias sobre la Revolución de Mayo”: “No tuve de ella la menor idea, ni noticia previa. Yo vivía tranquilo en mi casa, con mi dilatada familia… Cuando recibí esquela de convite a un Cabildo Abierto…no concurrí por hallarme legítimamente ocupado”. Más adelante manifiesta que no estaba de acuerdo con lo decidido por dicho Cabildo Abierto.
Complementaría lo precedente la forma en que se confeccionó la lista de “ciudadanos” pedida por los Señores Cabildantes, que respaldara lo solicitado por los Comandantes. Esta lista estuvo conformada en su gran mayoría por firmas de soldados, oficiales y clérigos.

“El primero de los patriotas y el alma de la Junta”…

Los criollos que venían desde hacía tiempo sintiendo las ansias de emancipación fueron Belgrano, Saavedra, Pueyrredón, los hermanos Rodríguez Peña, Vieytes y algunos pocos más.
En ese grupo, que venía arriesgando cuanto menos su libertad, no figuraba el Dr. Mariano Moreno.
Cabe aquí acotar que el Virrey Cisneros tenía, nombrados por él, a dos abogados consultores: los Dres. Leiva y M. Moreno.
Manuel Moreno en su obra “Vida y Memorias del Dr. Dn. Mariano Moreno” nos dice que: “Los informes que el nuevo jefe (Cisneros) recibió antes de su salida de Cádiz de las luces y acendrado patriotismo del Dr. Moreno…le hicieron formar un concepto muy ventajoso de sus conocimientos y consiguientemente lo honró con su más entera confianza eligiéndolo por uno de los consultores sobre los asuntos en que se iba a pronunciar”.
Quizá, cabría preguntarse con algún dejo irónico, haya sido ésta la causa por la que recién el 25 de Mayo por la noche, cuando todo estaba consumado, aparece en el Cabildo aquel a quien Juan María Gutiérrez llama con estrepitosa imagen: “el primero de los patriotas y el alma de la Junta”…
En honor a la verdad debemos comentar que el Dr. M. Moreno tuvo una previa “visita” al Cabildo con motivo del Cabildo Abierto del 22 de Mayo. En la sala del Cabildo se encontraba bastante lejos de las primeras filas habida cuenta que fue el votante número 151. El historiador Vicente Fidel López nos comenta que su padre, don Vicente López y Planes, le había transmitido que el “numen de Mayo” se encontraba “acurrucado en un rincón, parecía cabizbajo” y al preguntarle si estaba fatigado recibe como respuesta “estoy caviloso y muy inquieto…yo he votado con ustedes por la insistencia y majadería de Martín Rodríguez…”
El general Nicolás de Vedia (testigo presencial y votante) escribe en sus Memorias “Los principales sujetos que habían de tomar la voz en nombre del pueblo, eran los más próximos a las autoridades de uno y otro lado. El famoso doctor don Mariano Moreno, se había colocado tras de los bancos del pueblo, como excusándose de presentarse cual uno de los actos principales del momento”.
Respecto a la actuación de don Cornelio de Saavedra es oportuno citar a don Manuel Belgrano quien en su Autobiografía nos dice: “No puedo pasar en silencio, las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, en que es preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio de Saavedra”.
Bartolomé Mitre en su obra “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” nos dice: “El voto de D. Cornelio Saavedra fue el que arrastró tras sí la mayoría”

Saavedra y Moreno en paralelo

Es oportuno en este momento hacer un apretado paralelo entre estas dos figuras emblemáticas a través de algunas de sus actuaciones previas a la Revolución de Mayo.
1.- Durante las invasiones inglesas, Saavedra con sus compañeros de armas tuvo un papel descollante luchando junto al pueblo contra el invasor. Moreno, por su parte, no figura en ninguna lista de voluntarios ni de vecinos que aportaron su brazo o dinero para contribuir a la Reconquista y después a la Defensa.
En “Vida y Memorias del Dr. M. Moreno” leemos que el día de la entrada de los ingleses expresaba “he llorado más que otro ninguno”. Se puso, en esos días, a escribir un diario narrando los sucesos. Escribía en su bufete de abogado lo que otros, militares y ciudadanos, hacían en los puestos de combate durante el día. Mientras unos daban el oro y la sangre… el Dr. Moreno dio su llanto y su tinta.
2.- El 1º de Enero de 1809 el llamado partido patriota (los Patricios entre ellos) brindó su apoyo a Liniers, M. Moreno prestó su apoyo al partido español en la persona del Alcalde de primer voto don Martín de Alzaga.
Manuel Moreno, su hermano, nos dice que Mariano había hecho aconsejar a la Junta de Sevilla el 13 de Setiembre de 1808 la rápida remoción de Liniers a fin de “promover a la defensa de estos dominios”. Probablemente en la errada creencia de que Liniers entregaría a Bonaparte el Virreinato.
3.- Cuando suceden los levantamientos de Chuquisaca del 25 de Mayo de 1809 y el de La Paz del 16 de Julio del mismo año, el Virrey Cisneros, siguiendo los consejos de sus dos abogados consultores (Leiva y Moreno), falla castigando con pena de muerte a los amotinados.
4.- En las reuniones secretas de los conspiradores hay una definida y probada participación de don Cornelio de Saavedra en ellas, no así de don Mariano Moreno. Esto último es claramente comprensible, ya que ponerlo a él sobre aviso hubiera sido, posiblemente, entregar a Alzaga o a Cisneros los detalles de la conspiración.
Los más ardientes panegiristas de Moreno nunca se animaron a afirmar de su presencia en esas reuniones. Algunos nos dicen que el Dr. Moreno tuvo un “perfil bajo” durante esas semanas y días. Flaco favor le hacen a Moreno este tipo de adjetivos….Hubiera sido mas honesto y “elegante” decir que Moreno no entendió el proceso de Mayo y que luego metido en él contra su voluntad, trató de hacer lo que estimaba oportuno para los tiempos que vivía.
5.- Finalmente, cuando ya había sido elegido como uno de los secretarios de la Junta nos narra su hermano Manuel en su obra “Vida y Memoria del Dr. Dn. Mariano Moreno”: “Muchas horas hacía que estaba nombrado secretario de la nueva Junta y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo en conversaciones indiferentes. Al cabo de mucho tiempo en que yo mismo lo había buscado para avisarle de lo ocurrido lo vi entrar en casa, envuelto en mil meditaciones, sobre si debía o no aceptar el nombramiento. La legitimidad de los procedimientos que acababan de suceder; lo serio de las funciones que se le encomendaban….eran otras tantas cuestiones que ocupaban su reflexión…Me decía: El sosiego que he disfrutado hasta aquí en medio de mi familia y de mis libros será interrumpido”.
Fue el Dr. Moreno, el único que se preocupó más que de la patria, de la interrupción de su sosiego…
Mientras esto sucedía Saavedra ya estaba, junto con los otros miembros elegidos, trabajando para el mejor inicio de la Junta de Mayo.
Respecto al por qué del ingreso del Dr. Mariano Moreno en la Junta hay dos estudios que si bien están basados en documentación de la época son diferentes en cuanto a la explicación de dicho nombramiento.
Uno de ellos pertenece a Ricardo Levene que sostiene que dicho nombramiento se debió al lobby ejercido por los ingleses a favor de Moreno por haber contado con su apoyo en el asunto de las franquicias comerciales.
El otro punto de vista pertenece a M. Zuviría quien sostiene que como el partido español era mayoría en esa época en Buenos Aires, y habiendo el Dr. Moreno apoyado a Alzaga un año antes participando como secretario de la Junta presidida por éste español era conveniente que hubiera un cierto equilibrio en la Junta de Mayo. Moreno venía a acompañar a Matheu y Larrea.
Fuere cual fuere es evidente que el Dr. Moreno no entró por la “puerta grande” en la Junta de Mayo.

Alberto Bondessío

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22 de Mayo de 1810: Cabildo Abierto


El Cabildo comenzó a poblarse a partir de las ocho de la mañana. Asistieron 251 vecinos de los 450 que habían sido convocados. Entre los ausentes habría que considerar a algunos que fueron disuadidos de concurrir cuando ya estaban en las cercanías del edificio. El inicio de la reunión se demoró porque tres asistentes plantearon la nulidad de la asamblea por falta de quórum. El reclamo no prosperó.
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La imagen de una reunión muy formal y organizada que conocimos a través de las láminas escolares se contrapone al contenido de las cartas y relaciones que fueron escritas en los días posteriores. En el gran salón improvisado en el largo balcón (se usaron tapices para cerrarlo y protegerlos del frío y los curiosos) hubo empujones, gritos y hasta insultos para algún orador poco convincente. La ovación de la jornada fue para la propuesta de un español: el general Pascual Ruiz Huidobro planteó que el virrey Cisneros debía renunciar de inmediato.

Los discursos secaron las gargantas y fue necesario ir en busca de provisiones. Diez botellas del básico vino de carlón, seis botellones del buen tinto de Cádiz, más chocolate caliente y bizcochos sirvieron como refrigerio a los hombres que tomaban, además de una copita, graves decisiones.

Se resolvió que cada uno emitiría su voto en voz alta, dando todas las razones que considerase. Fue un desfile interminable de votos escuetos y exposiciones sobrecargadas. También se encargó comida al fondero Andrés Berdial, por lo tanto, el martes 22 de mayo tuvo lugar el primer delivery de nuestra historia patria.

Un detalle: el gobierno le pagó dieciocho pesos a quienes hicieron trámites de cafetería durante la maratónica sesión y además cuidaron un par de galeras que, por el frío, habían sido utilizadas para desplazarse. Fue el primer antecedente de los trapitos.

El Cabildo Abierto terminó a la medianoche, cuando se emitió el último de los votos. Los capitulares volverían a reunirse al día siguiente para el escrutinio que definiría la continuidad del virrey o su destitución.

POSTURAS POLÍTICAS DURANTE EL DEBATE EN EL CABILDO ABIERTO

El debate y la votación del cabildo abierto se desarrollaron alrededor de una cuestión central: si el virrey tenía o no que cesar en sus funciones y, en caso afirmativo, quién lo reemplazaría. Las posiciones extremas no obtuvieron muchos votos.

1) El obispo Lué sostuvo que, para asegurar la soberanía de Fernando VII en sus dominios americanos, el virrey debía continuar ejerciendo el gobierno con la única novedad de hacerlo junto con un miembro de la audiencia.

2) La posición del abogado criollo Juan José Castelli fue radicalmente la opuesta: sostuvo que el poder de España había caducado y que el pueblo debía asumir los derechos de soberanía y constituir un gobierno independiente.

Ninguna de las dos propuestas fue aceptada.

La mayoría de los presentes estaba de acuerdo en que el virrey debía dejar el gobierno. Las diferencias surgían sobre quién debía reemplazarlo.

3) El teniente general Pascual Ruiz Huidobro —comandante de las tropas peninsulares regulares— sostuvo que debía cesar la autoridad del virrey, la que sería reasumida por el cabildo como representante del pueblo, hasta tanto se formara un gobierno provisorio dependiente de la legítima representación del rey Fernando VII instalada en España.

4) Por su parte, Saavedra, el jefe de las milicias criollas, también sostuvo que el virrey debía cesar y que el cabildo debía asumir la autoridad, pero sólo transitoriamente hasta que se formara una junta que reemplazaría al virrey. Y afirmó además que aunque era el cabildo el que elegía a los miembros de la nueva junta de gobierno, era el pueblo el que le otorgaba la autoridad.

En la votación, la propuesta de Saavedra obtuvo la mayor cantidad de votos, seguida por la de Huidobro. En los días siguientes, las posiciones enfrentadas en el debate fueron asumidas por grupos que tenían intereses económicos y proyectos políticos diferentes. Criollos y peninsulares —y sus aliados— se enfrentaron con el objetivo de ocupar los cargos en la nueva junta, encargada provisionalmente del gobierno del Virreinato del Río de la Plata.

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Los hombres de Mayo y la ilustración del pueblo


Se cumplen ya más de dos siglos del memorable día en que se plasmaron sucesos extraordinarios para nuestra historia, porque fueron la cúspide de un proceso que venía plasmándose. En esa época sucedieron hechos puntuales en América y Europa que impulsaron a los criollos a cuestionar la autoridad española y tomar la decisión de formar un gobierno propio.
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Los grandes Hombres de Mayo revelaron el vigor y la fuerza de sus pensamientos, la actitud clara de sus espíritus, la firmeza de sus decisiones y convicciones para sentar las bases de una nueva Nación. El espíritu revolucionario hallábase plenamente saturado del vehemente afán de liberación; veían en la ilustración del pueblo el mejor fundamento y apoyo para su logro. Este noble deseo de instrucción se extendió con gran entusiasmo en los hombres del primer gobierno patrio, pese a las diferencias que se insinuaron desde sus comienzos. Una alta dosis de fe los fortalecía para afrontar la inmensa tarea con escasos recursos.
Fue realmente trascendente la irrupción de nuevos ideales de vida, que se tradujeron en una diferente concepción educacional que afirmó el basamento de la organización política democrática para la Nación. Hombres que ya habían tenido actuación en el quehacer educativo defendían con inflamadas palabras sus ideas sobre la educación del pueblo. Sostenía Fray Francisco de Castañeda: “Los triunfos de las armas serían efímeros sin la consolidación de una educación popular”, y el canónigo Juan Ignacio Gorriti: “El poder de la educación extirpa la ignorancia y la corrupción”. El Deán Funes, que al estallar la revolución se encontraba en situación de gestión como rector de la Universidad de Córdoba, puso un férreo compromiso en las ideas educativas renovadoras de la época.
Evocar a Manuel Belgrano, doctorado en las aulas salamanquinas, sugiere el recuerdo de su obra como educador que propagó en todos sus ministerios, doctrinas inspiradas en los sabios principios en pos de la felicidad y mejoramiento moral del pueblo. Sabía que no es posible avanzar un paso mientras el material humano no sea dignificado dándole desde la infancia “una regular educación que es el principio de donde resulta el bien de la sociedad”. Buscó el desarrollo del incipiente ser nacional construyendo una doctrina que abarcó lo social, lo económico y lo educativo. Conjugó el contenido del alma con la necesidad material, apuntando al desarrollo del espíritu y al progreso mental del educando. Impulsó la creación de escuelas, la de Comercio entre otras, previó escuelas gratuitas para niñas, se preocupó por la educación de la mujer y por la creación de escuela para niños de familias humildes. Sostenía que el Estado democrático tiene la obligación de desarrollar en toda su extensión la educación popular. En el plano de la enseñanza media destacó la importancia de una enseñanza especializada, tendiente a la formación técnico profesional que el país requería urgentemente. Ferviente defensor de la educación popular donó premio para la construcción de cuatro escuelas; premio que acompañó con un reglamento escolar, donde frente a la disciplina rígida de castigos corporales se pone de relieve la necesidad de suavizar la disciplina y “formar en los educandos un espíritu nacional que les haga preferir el bien público y estimar más la calidad de americano que la de extranjero”. Maravillosas palabras dirigidas al maestro: “Procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos amor al orden respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de amor a la verdad y la ciencia, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión en el comer, vestir y más necesidades de la vida”.
Moreno fue la voz de orden de la generación constituyente para edificar la Nación y sigue siendo para las nuevas generaciones la palabra alentadora que sintetiza ideales de libertad y organización. La acción desarrollada en el campo educativo está basada en el concepto de la política cultural que debe cimentar un Estado soberano. A pocos días de establecido el nuevo gobierno rompe el fuego redactando el decreto relativo a la fundación de La Gaceta de Buenos Aires. En ella sustentaba el principio de que el pueblo tiene el derecho de saber de la conducta de sus representantes, afirmando el precepto de “libertad de escribir”. Manuel Alberti, sacerdote doctorado en Córdoba en Teología y Cánones que abrazó el ideario de Mayo, fue un tenaz colaborador en la redacción de este periódico.
Moreno soñaba con un pueblo laborioso y culto. “Las bibliotecas públicas son los signos de la ilustración de los pueblos” declaró al crear la Biblioteca de Buenos Aires, dando lugar a otras instituciones culturales como Archivo, Museo, etc. Apoyó la obra educativa de Belgrano. El arte no podía faltar, fomentó la creación de la Academia de Música.
Castelli, fogoso propulsor de las ideas liberadoras, apoyó la obra de Belgrano y Moreno. Estudiando Derecho en Chuquisaca conoció las ideas de la ilustración a favor de la soberanía popular, reforzando su deseo de igualdad de derechos para todas las clases sociales. Impulsó la creación de escuelas, el fin de la servidumbre indígena, la abolición de privilegio de sangre, destruyendo de ese modo el privilegio de castas. Difundió encendidas proclamas. Sostuvo que “los americanos sabían bien lo que querían y adónde iban”.
Larrea abrazó la causa americana, impulsó la ley de Aduanas, por la que pudieron entrar al país, máquinas, instrumentos científicos, libros e imprentas.
Azcuénaga, militar nacido en Buenos Aires, prestó colaboración al movimiento revolucionario uniendo su voluntad a los hombres que forjaron la patria.
Paso fue profesor de Filosofía en el Real Colegio de San Carlos, donde se destacó como alumno en esta disciplina Cornelio Saavedra, reconocido conservador , esperó un tiempo para asegurar que el pueblo había madurado en sus convicciones, sostuvo: “Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora.’
Éstos y más, fueron los hombres que supieron pulsar el corazón de un pueblo ansioso de percibir y asegurar los latidos de libertad para legarnos el fruto de una nación nueva y portentosa.
“El dogma de Mayo va desplegándose en la sucesión de las generaciones”.
Fue realmente trascendente la irrupción de nuevos ideales de vida, que se tradujeron en una diferente concepción educacional que afirmó el basamento de la organización política democrática para la Nación.

Alicia B. Olivieriy Rosa B. de Mutal

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La Jabonería de Vieytes


La llamada Jabonería de Vieytes -que como tal funcionó menos de dos años y fue seguramente una pantalla para encubrir las reuniones de los patriotas de Mayo- fue embargada durante el interinato virreinal de Santiago de Liniers.

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Sucedió en la jornada de la Nochebuena de 1808 mientras el propietario del inmueble, el subteniente de blandengues Nicolás Rodríguez Peña, padecía de nefritis aguda encarcelado en el cuartel de cántabros. Se lo sospechaba un revolucionario en inteligencia con su hermano Saturnino, aquel que había ayudado a fugarse al invasor William Carr Beresford. Saturnino Rodríguez Peña había remitido desde Río de Janeiro cartas comprometedoras con un emisario británico: el joven cirujano Diego Paroissien. Años después, sobre el mobiliario y gran biblioteca de la casa-vivienda de esa fábrica -que constituía el hogar del patricio Hipólito Vieytes, responsable industrial de los mejores jabones y velas de la ciudad, pero dueño de esos bienes personales- cayó la garra apropiadora de la Comisión de Secuestros surgida a consecuencia del golpe de abril de 1815 asestado contra el gobierno de Carlos María de Alvear.

El llamado Café de Marcos o de Mallco, en los tiempos de Mayo y casi al pie de San Ignacio, a un paso del Cabildo, era considerado una especie de tribuna abierta y nada escondida para la juventud amante de la exposición rebelde y polémica. Fue clausurado el 1º de enero de 1809 por el virrey Liniers.

Durante los cuatro años y algunos meses que Vieytes editó el Semanario de la Industria y Comercio -primer periódico escrito por un nativo- arrendó una casa de la viuda de un tal Miguel Alvarez en la calle San Juan, hoy Esmeralda, vereda oeste, entre las actuales Sarmiento y Perón. Allí funcionó la redacción de su periódico, pero, las invasiones inglesas, si bien concluyeron con la edición, despertaron a la vez la confianza de los combatientes de todo orden -ya fuera con las armas o con la pluma- para emprender planes independistas. En lo que fue la redacción y casa de Vieytes se concretaron las primeras reuniones de quienes decidieron acabar con la sujeción a la corona española.

El por entonces acaudalado Nicolás Rodríguez Peña propuso tener una sede más apartada para las tertulias secretas e iniciar a la vez una lucrativa actividad industrial que aprovechara el ingenio desplegado -entre muchos otros temas progresistas- por el impulsivo editor del semanario. El mismo Rodríguez Peña se propuso como socio de capital para que Vieytes fabricara jabón y velas con los métodos que había proclamado en el periódico. Dieron con una casa de la entonces calle de San Bartolomé, en la vereda que miraba al Norte (luego Agüero y actualmente México), propiedad que había sido conocida como la panadería de Videla. Estaba algo abandonada y habitada por seis negras libres, y quedaba a mitad de cuadra entre las hoy calles Lima y Bernardo de Irigoyen. Era una propiedad muy aislada porque un bajío y La Zanja -así llamada- a la que aprovisionaba para echar al río las aguas de lluvia, se interponían camino del Cabildo. La casa necesitaba ser remodelada para cumplir su función industrial y de vivienda, y así fuera habitable por la familia de Vieytes.

No habían logrado todavía curarse algunos heridos de la segunda invasión inglesa y menos aún acallarse los comentarios de las peleas cuerpo a cuerpo que regaron las fangosas calles de la Gran Aldea, cuando el socio de Vieytes compró la finca de 34 varas de frente y 60 de fondo en 2387 pesos y 3 reales. La escritura del 16 de octubre de 1807 la suscribió Nicolás Rodríguez Peña al folio 224 vta. del registro número 6 a cargo del escribano Inocencio Agrelo, según lo estableció el investigador Manuel Carlos Melo en la nota publicada en La Nación en 1964. El meritorio trabajo indagador terminó con la larga polémica que había sido entablada para determinar la ubicación de la jabonería, quizá porque varios autores -incluido Clemente L. Fregeiro- equivocaron su ubicación. Cuando Melo publicó el resultado de sus indagaciones, la jabonería hacía más de tres décadas que había sido reemplazada por un edificio funcional del arquitecto francés León Dourge. El solar llegó a declararse monumento histórico nacional, pero la avenida 9 de Julio cumplió con el desdén nativo por lo histórico.

Durante el embargo de la jabonería -el 24 de diciembre de 1808-, el aguacil Manuel Mansilla fue atendido por Vieytes que debió juramentarse frente al escribano Francisco Seijas a dar la información precisa y quedar como custodio de los bienes entre los que se consideró como tales a los esclavos Joaquín, Juan y José. Así quedó consignado en el sumario instruido a Diego Paroissien, y en los que debieron testimoniar el propio Vieytes, Juan José Castelli y Nicolás Rodríguez Peña. Este último fue sometido a prisión e igual pena padeció el médico inglés a pesar de la ingeniosa defensa que asumió el propio Castelli. Todos ellos, a excepción de Paroissien, fueron los primeros conjurados que sumaron a Manuel Belgrano en los cónclaves cobijados bajo la vivienda de Vieytes anexa a la jabonería. El zagúan daba a un hall y una amplia sala, pero la vivienda tenía muchos cuartos y un gran patio de tierra donde Castelli, Rodríguez Peña y otros visitantes dejaban sus cabalgaduras.

Fundación Leer
Que para el año 1810 las reuniones ya fueron tumultuosas lo demuestran las dos docenas y media de cubiertos, los cinco mates y las 45 sillas contadas entre el equipamiento que inventarió entre el 28 de abril y el 1º de junio la Comisión de Justicia tiempo después de haber apresado a un Vieytes casi moribundo tras los infortunados sucesos de 1815.

La “casa de café en la calle que va del colegio a la Plaza Mayor” (actual calle Bolívar) figura de esa manera aludida por su dueño, don Pedro José Marcó, en el reclamo para levantar la clausura del negocio. El Café de Marcos era un lugar deliberativo y el mejor. Cuando estalló la primera conjuración de Alzaga, el 1º de enero de 1809, Liniers, virrey y héroe de la Reconquista, mandó clausurarlo y dar tres días a Marcó para salir de la ciudad. Pero quedó su socio José Antonio Gordon, que presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local, ambas denegadas. Claro que a principios de agosto asumió don Baltasar Hidalgo de Cisneros y en seguida retornó don Pedro Marcó. Elevó un memorial al nuevo virrey que denunciaba que sus pérdidas serían de 30 mil pesos en utensilios y productos y el 21 del mismo mes fue autorizado a reabrir su negocio.

La jabonería, como bien de la sucesión de la viuda de Rodríguez Peña, fue vendida en subasta judicial en 500 mil pesos hacia 1869.

Por Francisco N. Juárez

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 1919 del 17 de marzo de 1966.

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Antecedentes de la Revolución de Mayo de 1810


Casi simultáneamente en varios países latinoamericanos se produjeron movimientos emancipadores del dominio español. Las causas que llevaron a este desenlace fueron, entre otras:
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La Independencia de los Estados Unidos de América ocurrida el 4 de julio de 1776.
La Revolución Francesa en 1789 y las nuevas ideas, así como la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”.
Las ideas de igualdad entre criollos y peninsulares sostenidas por Fray Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Francisco Suárez y Juan de Solórzano, entre otros.
Las ideas de avanzada de patriotas hispanoamericanos como Francisco Miranda y Antonio Nariño.
La caída de Fernando VII y la invasión napoleónica en España.
La pobre administración española en las colonias y el sistema de monopolio comercial.
Las Invasiones Inglesas con las que se demostró la ineficacia del sistema político hispano, así como la toma de conciencia del pueblo de su propio poder; la formación de fuerzas criollas, y el apoyo posterior de Inglaterra a las ideas de emancipación.
Las colonias que se consideraban propiedad del rey, producida la caída de éste, cortaban los vínculos con España.
Agitaciones políticas y reuniones secretas que habían comenzado más de un año antes.

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18 de Mayo: Día de la Escarapela


Día de la Escarapela
El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión, pero si se sabe que fue instituida por Decreto el 18 de Mayo de 1812, por el Primer Triunvirato.
En el año 1935 fue autorizada como el día de la fiesta de la Escarapela por el Consejo Nacional de Educación.


La Escarapela de la Argentina es un distintivo nacional.
El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión. La teoría más aceptada por los historiadores en la actualidad es que tomó sus colores del emblema de la Casa Real de Borbón.
La primera fecha aproximada del uso de los actuales colores patrios argentinos es la del 19 de mayo de 1810, ocasión en la que fueron utilizados por un grupo de mujeres que se entrevistaron con el Coronel Cornelio Saavedra.
El 23 de marzo de 1811 la escarapela fue usada como distintivo de los opositores a la mayoría de la Junta Grande. El 13 de febrero de 1812 Manuel Belgrano -mediante una nota- solicitó al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional.
El 18 de febrero de 1812 el poder constituido por el Triunvirato hizo saber al Jefe del Ejército Mayor que: “el gobierno ha resuelto que se reconozca y se use por las tropas la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que deberá componerse de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida desde esta fecha la roja que antiguamente se distinguía”.
El 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano solicitó al Triunvirato, mediante una nota, que se fije el uso de la escarapela nacional bicolor: azul-celeste y blanco. El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata: “Sea la Escarapela Nacional de las Provincias Unidad del Río de la Plata, de color Blanco y Azul Celeste”.
La escarapela o cucarda es un distintivo nacional en muchos países.
Consiste de un rosetón de tela superpuesto a un lazo en forma de V invertida, cuyos extremos exceden el diámetro del rosetón.
La cinta con que se elabora tanto el rosetón como el lazo debe tener los mismos colores que la bandera nacional del país que representa.
Actualmente tiene también un uso práctico, por ejemplo, en los aviones de guerra; pintado en el dorsal para distinguir el pabellón nacional al que pertenece cada aparato, es llamada Escarapela Aeronáutica.
La escarapela era la divisa compuesta de cintas de uno o más colores hecha en forma de rosa o lazo, la cual se ponía en el sombrero y servía, entre otras cosas, para distinguir entre los diferentes ejércitos y naciones y para reconocer a los de una facción o bando en los diversos partidos que se formaban sobre algún asunto político.
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17 de Mayo: Día de la Armada Nacional


El 17 de mayo se celebra el “Día de la Armada Argentina” fecha gloriosa en los fastos de la República, por corresponder a la consolidación de los principios de la Revolución de Mayo con la terminante victoria naval de Montevideo, obtenida por nuestra escuadra al mando del Almirante Brown sobre la flota de la Real Armada Española que tenía su apostadero en aquel puerto.

Al efecto se sancionó el Decreto Nº 5304 del 12 de mayo de 1960 suscripto por el entonces Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi.

La fecha es evocada para recordar la victoria que permitió alejar el peligro que representaba el poder naval realista en aguas del Río de la Plata, y contribuyó además a llevar a feliz término las campañas libertadoras de Chile y Perú.

El 17 de mayo se rememora el triunfo de la fuerza naval al mando del almirante Guillermo Brown en el “Combate de Montevideo”, sobre la escuadra realista que dominaba hasta ese momento las aguas del Río de la Plata.

Así se puso término al poder naval español sobre aguas de ese estuario, que había comenzado tres siglos antes cuando las naves de Juan Díaz de Solís surcaron ese río.

Esa victoria naval hizo posible la caída de Montevideo en poder de fuerzas argentinas. El general Alvear tomó posesión de la ciudad el 23 de junio de 1814.

Este triunfo de nuestra Armada tuvo las siguientes consecuencias:

• Los patriotas tomaron la plaza de Montevideo, lo cual privó de sus bases posibles a la expedición de 20 mil soldados de Morillo, que había salido de España y tuvo que desviarse hacia Venezuela, al no contar con un punto de ataque en el Río de la Plata).

• Fijó las bases para que fuera posible la Declaración de la Independencia, el 9 de julio de de 1816, puesto que los patriotas ejercieron a partir de ese momento el dominio del territorio nacional.

• Frenó la injerencia portuguesa en el Río de la Plata.

• Fortificó la guerra de recursos de Güemes y demás combatientes en el Alto Perú.

• Convirtió al Río de la Plata en una vía de agua bajo el poder nacional, facilitando el comercio y por lo tanto proveyendo de recursos de todo tipo a la Revolución.

• Al quedar libres las tropas sitiadoras de Montevideo, fue posible reforzar el Ejercito Auxiliar del Alto Perú y se facilitó la organización del Ejército de los Andes.

GACETA MARINERA

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