25 de febrero: Nacimiento del Gral. José de San Martín


José de San Martín

(1778-1850)

José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, un 25 de febrero de 1778. Yapeyú había sido fundada en febrero de 1627 por los Jesuitas y se transformó con el tiempo en el más importante centro ganadero del Río de la Plata, famoso sus zapaterías cuyos productos eran exportados a Chile y Perú. También se producían ahí diversos instrumentos musicales de gran calidad. Todo esto decayó con la expulsión de los jesuitas en 1767, pero Yapeyú siguió siendo una ciudad importante dentro de la estrategia española para estas tierras.
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Así fue como el gobernador de Buenos Aires, Bucarelli, encomendó al Capitán don Juan de San Martín el cargo de teniente gobernador de Yapeyú en 1774. Allí se instaló don Juan con su mujer, Gregoria Matorras, y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo. Poco después nacerán Justo Rufino y el menor de la familia, José Francisco, quien pronto comenzó a ser cuidado por una niñera india, Juana Cristaldo que según doña Gregoria, lo consentía demasiado. Cuando José tenía apenas tres años, toda la familia debió abandonar Yapeyú y trasladarse a Buenos Aires. El virrey Vértiz le ordenó a Don Juan hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles. Los San Martín vivirán en la capital del virreinato hasta fines de 1783, cuando fue aceptado el pedido de Don Juan para regresar a España. Se le encargó la dirección de un regimiento en Málaga y allí se instaló la familia. José, que tenía por entonces ocho años, se supone que estudió en el Seminario de Nobles de Madrid. Allí aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía. En 1789, a los once años ingresó como cadete al regimiento de Murcia y en poco tiempo ya tomará parte activa en numerosos combates en España y en el Norte de África. Entre 1793 y 1795 durante la guerra entre España y Francia, el joven San Martín tuvo una actuación destacada en todos los combates en los que participó, y ascendió rápidamente en sus grados militares hasta llegar al de segundo teniente. En la guerra contra las fuerzas napoleónicas y ya con el grado de Teniente Coronel, fue condecorado con la medalla de oro por su heroica actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808

El joven José no olvidaba sus orígenes americanos y estaba muy al tanto de los sucesos del Río de la Plata. Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, decidió pedir el retiro del ejército español para poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana. Había tomado contacto en España con círculos liberales y revolucionarios que veían con simpatía la lucha por la emancipación americana. Salió de Cádiz para Londres el 14 de septiembre de 1811. Londres ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial a cuya sombra florecían las ideas liberales, ante todo en lo económico, pero también en lo político. Allí prosperaban los grupos revolucionarios como la “Gran Hermandad Americana”, una logia fundada por Francisco de Miranda, un patriota venezolano que se proponía liberar América con la ayuda financiera de los ingleses. Durante sus cuatro meses de estadía en Londres, San Martín tomará contacto con los miembros de la “Hermandad”, sobre todo con Andrés Bello y con personas vinculadas al gobierno británico, como James Duff y Sir Charles Stuart, quienes le hacen conocer el plan Maitland. El plan, un manuscrito de 47 páginas, había sido elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800 y aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima. San Martín tendrá muy en cuenta las ideas del militar inglés en su campaña libertadora. Finalmente en enero de 1812 San Martín emprende el regreso a su tierra natal a bordo de la fragata inglesa George Canning. “Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha.” José de San Martín.

A poco de llegar San Martín a Buenos Aires, logró que se le respetara su grado militar de Teniente Coronel y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná, asoladas por los ataques de los españoles de Montevideo. Así nació el regimiento de Granaderos a Caballo. El propio San Martín diseñará los uniformes y las insignias del nuevo cuerpo militar que se instala en el Retiro. La situación política en Buenos Aires era complicada, gobernaba el Primer Triunvirato integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Pero el verdadero poder estaba en manos del secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, que venía desarrollando una política muy centralista que desoía todos los reclamos del interior, cada vez más perjudicado por la política económica de Buenos Aires que fomentaba el libre comercio y mantenía un manejo exclusivo del puerto y de la aduana.

A poco de llegar, San Martín entró en contacto con los grupos opositores al Triunvirato, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo, y creó, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana.

San Martín y sus compañeros se decidieron a actuar y el 8 octubre de 1812 marcharon con sus tropas, incluidos los granaderos, hacia la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) y exigieron la renuncia de los triunviros en un documento redactado por San Martín que concluía diciendo: “…no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos”. Fue designado un segundo triunvirato afín a la Logia y a la Sociedad Patriótica integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

Don José se hacía tiempo también para la diversión y poco a poco fue tenido en cuenta en las selectas listas de invitados de las tertulias porteñas. La más famosa y agradable, según cuentan, era la de Don Antonio Escalada y su esposa Tomasa, en la que sus hijas, Remedios y Nieves, no perdían de vista a ningún nuevo visitante. Por allí pasó Don José y surgió el romance con Remedios. Poco después, el 12 de noviembre de 1812 se casaron. Él tenía 34 años y ella 15.

El 3 de febrero de 1813 los Granaderos de San Martín entraban por primera vez en combate frente al Convento de San Lorenzo, en Santa Fe. El triunfo fue total y el prestigio del ahora coronel San Martín crecía sin cesar. Fue así que en 1814 se le encomendó el mando del ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano. San Martín aceptó el cargo pero hizo saber a las autoridades que sería inútil insistir por la vía del Alto Perú y que se retiraría a Córdoba para reponerse de los dolores causados por su úlcera estomacal y terminar de delinear las bases de su nueva estrategia militar consistente en cruzar la cordillera, liberar a Chile y de allí marchar por barco para tomar el bastión realista de Lima. Repuesto parcialmente de sus males, pero con el plan terminado y aprobado, logró ser nombrado gobernador de Cuyo. En Mendoza comenzó los preparativos para su ambicioso plan sin descuidar las tareas de gobierno. Fomentó la educación, la agricultura y la industria y creó un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían.

Todo el pueblo cuyano colaboró según sus posibilidades para armar y aprovisionar al Ejército de los Andes. El propio gobernador dio el ejemplo reduciendo su propio sueldo a la mitad.

San Martín debió enfrentar en Cuyo la oposición la oposición de los hermanos Carreras, exiliados chilenos que habían abandonado su país tras la derrota de Rancagua. Uno de ellos, José Miguel había sido presidente de la Junta de Gobierno de Chile en 1814 y se oponía a la alianza de O’Higgins con San Martín. Los tres hermanos terminaron involucrándose en las guerras civiles argentinas y murieron fusilados.

El 24 de marzo se reúne el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz. “¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?”

El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, la única hija de la pareja. A principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes.

“Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.”, José de San Martín.

Durante muchos tramos San Martín debió ser trasladado en camilla debido a los terribles dolores provocados por la úlcera.

A poco de cruzar los Andes, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas derrotan a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile. El 19 de marzo del año siguiente las fuerzas patriotas sufrieron una derrota en Cancha Rayada. Afortunadamente el General Las Heras logró salvar a su cuerpo y en base a estos hombres pudo reorganizarse un ejército de 5.000 hombres y vencer definitivamente a los realistas en Maipú el 5 de abril de 1818.

Pocos días después de Maipú, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al gobierno del Directorio para la última etapa de su campaña libertadora: el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene la promesa de una ayuda de 500.000 pesos para su plan limeño de los que sólo llegarán efectivamente 300.000. San Martín regresó a Chile, donde obtuvo la ayuda financiera del gobierno y armó una escuadra que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane.

Mientras tanto, en Buenos Aires las cosas se complican. Pueyrredón propicia la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los orientales. San Martín se niega y le aclara que “el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos”.

El 20 de agosto de 1820 partió desde el puerto chileno de Valparaíso la expedición libertadora. La escuadra estaba formada por 24 buques y conducía a unos 4.800 soldados. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto peruano de Pisco. Una división al mando del General Arenales se dirigió hacia el interior del Perú con el objetivo de sublevar a la población y obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre de 1820. Por su parte San Martín ordenó bloquear el puerto de Lima. Así, el virrey De la Serna se vio acosado por todos los flancos y debió rendirse el 10 de julio de 1821. Ese día entró victorioso el general San Martín a la capital virreinal.

El 28 de julio de 1821 San Martín declaró la independencia del Perú. Se formó un gobierno independiente que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. En un principio el general se había negado a aceptar el cargo, pero el clamor popular y los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo, le hicieron recordar que el peligro realista no había desaparecido, que las fuerzas del virrey se estaban reorganizando en los cuatro puntos cardinales del Perú y que por lo tanto su presencia se hacía imprescindible para terminar definitivamente con el dominio español.

San Martín abolió la esclavitud y los servicios personales (mita y yanaconazgo), garantizó la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima. Debió enfrentar graves dificultades financieras, lo que creó entre la población un creciente descontento. Pese a las dificultades San Martín pudo controlar la situación y lograr la rendición de los realistas del Sur y del Centro del Perú.

Mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur el patriota venezolano Simón Bolívar, lo venía haciendo desde el Norte. El general Sucre, lugarteniente de Bolívar, solicitó ayuda a San Martín para su campaña en Ecuador. El general argentino le envió 1600 soldados que participaron victoriosamente en los combates de Riobamba y Pichincha, que garantizaron la rendición de Quito. Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Había entre ellos diferencias políticas y militares. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo liberado decidiera con libertad su futuro, Bolívar estaba interesado en controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas. El otro tema polémico fue quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado. El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

Tras la entrevista de Guayaquil San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú. “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga es temible a los estados que de nuevo se constituyen. Por otra parte ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme soberano. Sin embargo siempre estaré a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más. En cuanto a mi conducta pública mis compatriotas dividirán sus opiniones; los hijos de éstos darán el verdadero fallo.”

Partió luego rumbo a Chile donde permaneció hasta enero de 1823. Cruzó por última vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma. Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. En realidad Rivadavia, que siempre le había negado cualquier tipo de ayuda a San Martín, temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales y le ofreció marchar con sus tropas sobre Buenos Aires si se llegara a producir tan absurdo e injusto juicio. San Martín le agradeció a López su advertencia pero le dijo que no quería más derramamiento de sangre. Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde. Su esposa ya había muerto sin que él pudiera compartir al menos sus últimos momentos. Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa. Merceditas tenía siete años y recién ahora conocería de verdad a su padre. San Martín comenta en una carta a su entrañable amigo Tomás Guido: “Cada día me felicito más y más de mí decisión de haberla conducido a Mercedes conmigo a Europa y arrancado del lado de doña Tomasa (su suegra). Esta amable señora con el excesivo cariño que le tenía me la había resabiado, como dicen los paisanos, en términos que era un diablotín…”. En 1825 redacta las famosas máximas, una serie de recomendaciones para su educación en caso de que él no estuviera a su lado. Allí le aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo. Tras pasar brevemente por Londres, San Martín y su hijita se instalaron en Bruselas. En 1824 pasan a París para que Mercedes complete sus estudios.

San Martín atravesaba en Europa una difícil situación económica. Del gobierno argentino no podía esperar nada y ni el Perú ni Chile le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. Vivía de la escasa renta que le producía el alquiler de una casa en Buenos Aires y de la ayuda de algunos amigos, como el banquero Alejandro Aguado que lo ayudó para poder comprar su casa de Grand Bourg.

Pero el general seguía interesado e inquieto por la situación de su país. En febrero de 1829 llega al puerto de Buenos Aires pero no desembarca. Se entera del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales le envían cartas a su barco y lo van a visitar con la intención de que se haga cargo del poder. San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso. Triste y decepcionado decide regresar. Pasa unos meses en Montevideo y finalmente retorna a Francia. En 1832 una epidemia de cólera asoló Francia. San Martín y su hija Mercedes, fueron afectados por esa grave enfermedad. Los trató un médico argentino, Mariano Balcarce, hijo de un viejo amigo y camarada de armas de San Martín, el general Antonio Balcarce, vencedor de Suipacha. Mariano atendió durante meses a los San Martín, aunque podría decirse que sobre todo prestó mucha atención a Mercedes. Pero la cosa fue mutua y el 13 de diciembre de 1832 Mariano Balcarce y Mercedes de San Martín se casaron y se fueron de luna de miel a Buenos Aires.

En 1838, durante el gobierno de Rosas, los franceses bloquearon el puerto de Buenos Aires. Inmediatamente José de San Martín le escribió a don Juan Manuel ofreciéndole sus servicios militares. Rosas agradeció el gesto y le contestó que podían ser tan útiles como sus servicios militares las gestiones diplomáticas que pudiera realizar ante los gobiernos de Francia e Inglaterra. Al enterarse del bravo combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, cuando los criollos enfrentaron corajudamente a la escuadra anglo-francesa, San Martín volvió a escribirle a Rosas y a expresarle sus respetos y felicitaciones: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo”.

San Martín para ese entonces estaba muy enfermo. Sufría asma, reuma, úlceras y estaba casi ciego. Su estado de salud se fue agravando hasta que falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas “por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla” y que su corazón descansara en Buenos Aires.

Esta última voluntad se cumplió en 1880, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del libertador.

Autor: Felipe Pigna
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Esos locos docentes….


Esos locos docentes
“Esos son los locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros.
Algunos salen temprano por la mañana para estar en la escuela una hora antes, otros salen del cole una hora más tarde porque tienen miles de cosas que ordenar, revisar, limpiar, decorar y adornar en su salón…o porque algún niño se quedó esperando que vinieran por él, o porque se entrevista con padres de familia, etc. etc.
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Otros recorren todos los días varios de Km de ida …. y otros tantos de vuelta: ¡Están locos! ¿Quieren una prueba contundente de su locura? ¡¿Cómo es posible que muchos docentes se preocupen más por algunos niños que no son hijos de su sangre que los PROPIOS PADRES?!
Sólo por no mencionar que muchas veces los maestros dejan en segundo plano a sus hijos por compromisos de trabajo.
En verano no les dan vacaciones, sólo un receso escolar, pero no se desconectan del todo. Piensan en sus clases, preparan tareas, ejercicios y toman cursos de actualización.
En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros van con una botella de agua a su lado o con sus pastillas “Vick”. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando. A veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.
Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.
Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. Esto es si no se quedan levantados hasta la madrugada calificando, haciendo listas o material.
Están mal; sacrifican sus sábados para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de descanso o tiempo con su familia para renovarse.
Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan. Y a pesar que tengan décadas de servicio, siempre encuentran nuevas formas de hacer las cosas. Se asombran cuando comparan un ciclo escolar con otro y toman nota de lo bueno y lo malo, para el siguiente.
Como buenos TODÓLOGOS, hacen de todo, desde atar cordones, hasta libros de actas y de contabilidad de la Cooperativa Escolar o limpiar una herida y poner una “curita” . Ya ni hablar de los festivales, organizar una kermés, campañas de salud, o el despliegue de creatividad en sus periódicos murales y manualidades.
Están mal de la cabeza, yo los he visto. Son capaces de no tomar una Licencia Médica sólo porque no hay quien atienda su grupo.
Muchos de ellos van a trabajar sin cobrar su sueldo, ya que hace meseees que el Estado no les paga, hay que estar medio loco para trabajar gratis…no? soportando descuentos injustos y esperando el digno salario que se merece su profesión tan mal valorada por los gobiernos de turno.
Dicen sólo que son DOCENTES y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO. Que si volvieran a nacer, volverían a ser maestros.
Conozco a uno muy especial, que justo en este momento está leyendo estas líneas…
NOTA: SI CONOCES A OTRO LOCO, ¡COMPARTE!
Desconozco autor.
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No le pidas


No le pidas a Dios que te dé grandes éxitos,
sino pequeños adelantos diarios en la virtud.

No le pidas a Dios que aligere el peso de tu vida,
sino fuerzas para llevar el que Él quiera ponerte.

No le pidas poder demostrar que tienes la razón,
sino que te deje entrar siempre en el fondo
de verdad que pueda tener el otro.

No le pidas que todo el mundo te escuche, sino
guardar silencio para que puedas escuchar a los demás.
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No le pidas tiempo para tus dificultades,
sino para comprometerte con los males de otros.

No le pidas que te cambie de cruz, de lugar,
de sufrimiento, sino adaptarte a aquella que ya viene
calculada para tu condición, tu talla y tu estatura.

No le pidas felicidad plena, sino saber hacer dichosa
la vida con lo que tienes a tu alcance.

No le pidas que todo te salga bien, sino saber
cuáles son tus errores y tratar de enmendarlos.

No le pidas a Dios cumplir con todo lo que te ha mandado,
sino saber ofrecerle algo de lo que nunca te ha pedido.

No le pidas el árbol más frondoso, sino el más rendidor.
Ni el hogar más lujoso, sino el que tú tengas habilidad
de manejar. Ni el dinero más abundante,
sino el que mejor garantice tu salvación.

No le pidas tanto viento que te sople,
sino mejor brújula que te oriente.

No le pidas la magia de la suerte,
sino el merecimiento del trabajo.

No pidas muchos dones para lucirte en sociedad,
sino una sola llave para encerrarte en su corazón.

No le pidas concebir muchos proyectos,
sino una sola obra bien realizada.

No le pidas a Dios éxito rotundo,
sino la rendija que siempre te deja ver
el punto débil de tu pequeñez.

No le pidas la parcela menos árida,
sino los mejores jugos para sembrarla.

No le pidas que nadie se interponga,
sino que de todos sepas defenderte.

No le pidas que nunca te interrogue,
sino que siempre te encuentre definido.

No le pidas desconocer el dolor,
sino saber humanizarte con él.

No le pidas un cantero siempre florecido,
sino que las podas te enseñen a retoñar,
a revivir y a crecer.

No le pidas poder comprar todo lo que quieras,
sino poder atesorar todo lo “incomprable”.

No le pidas retener toda la ciencia,
sino vibrar con todas las emociones.

No le pidas poder regalar a tus amigos,
sino perdonar a tus enemigos.

No le pidas ser talento, águila, luz,
sino ser un instrumento siempre disponible.

No le pidas ser un tronco envidiable,
sino una pasturita “queriendo subir”.

No le pidas ser un faro que manda su luz desde muy alto,
sino una linternita que rastrea los recovecos oscuros
que se van quedando dentro del hombre.

No pidas toda la sabiduría que cabe en Dios,
sino toda la humanidad que cabe en el hombre.

No le pidas dinero para que te adulen,
sino valores para que te respeten.

Y a la hora de morir, no le pidas “lo que te mereces”,
sino lo que valen su sangre, su muerte y su cruz.

Zenaida Bacardí de Argamasilla

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22 de Febrero: Día de la Antártida Argentina


22 de Febrero: Día de la Antártida Argentina

Todo comenzó un 22 de febrero de 1904, día en que por primera vez se izó la bandera argentina en la Antártida, de allí su celebración. A partir de ese momento, se delimitó un territorio propio para nuestro país. Hoy en día, 109 años después, continúa con ocupación permanente. Este espacio está definido por los meridianos 25º y 74º Oeste y el paralelo 60º de latitud Sur y forma parte de la provincia de Tierra del Fuego, ubicándose en Ushuaia sus autoridades principales.
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La fauna del lugar curiosamente es muy variada a pesar de las extremadamente bajas temperaturas. En el agua se pueden encontrar diferentes tipos de crustáceos, orcas, diversos tipos de cachalotes y hasta calamares gigantes. Pero sin dudas, las estrellas del océano son la ballena franca austral y la ballena azul. En las costas, abundan los pingüinos y las focas. En cuanto a la flora, sólo se pueden encontrar líquenes, la gramínea pasto antártico y el llamado clavel antártico. Esto se debe a que la mayoría del territorio antártico es una gran alfombra de nieve, similar a una enorme pista de patinaje sobre hielo, que no permite divisar tierra. Por lo tanto, es completamente diferente a la vegetación que estamos acostumbrados a ver en nuestro país.

La geografía y el clima extremadamente frío hacen de la Antártida un lugar único. Además de tener seis meses de lo que se denomina verano antártico, durante el que es de día permanentemente, y seis meses de invierno, en el que siempre es de noche, existe otro hecho interesante: la oscuridad blanca. Se denomina así al fenómeno óptico por el que no se pueden ver las sombras. Es decir, quedamos privados de ver la profundidad de las cosas y las distancias. Por esta razón, las grietas en el hielo pueden ser un gran peligro.

En 1959, se firmó el Tratado Antártico. Éste fue decisivo en lo que es la vida actual en el lugar, ya que establece que los países que tengan territorio allí solo deben habitar el suelo por motivos científicos, no militares ni de otra naturaleza. En la Antártida Argentina, hay aproximadamente 200 habitantes, que permanecen en las diferentes bases del territorio. Algunas de estas bases son permanentes, como la Base Marambio y Orcadas; otras son temporarias, como la base Brown y Primavera. Allí se realizan diferentes trabajos de exploración y estudios científicos de gran importancia. Uno de los mayores orgullos para sus habitantes es el Observatorio Meteorológico Antártico Argentino.

Sin lugar a dudas, la vida en la Antártida puede ser dura, pero hay personas que día a día eligen trabajar allí a pesar del frío polar y de tener a sus familiares lejos. Tienen un propósito y es dar todo por su país. Feliz día para ellos entonces. ¡Feliz día de la Antártida Argentina!

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Los pequeños detalles


Los pequeños detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le devolvió las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente. El discípulo quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro:
– ¿Cómo es posible que con unos cuántos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?
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– Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro.
Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles. Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.

Todas las relaciones -familia, matrimonio, noviazgo o amistad- se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.

Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.

Se piensa a veces que la felicidad es como ganar el premio de la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se basa en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.

Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes.

En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió.

¿Qué esperas entonces? Escribe ese email, haz esa visita, haz esa llamada con tu teléfono, envía ese whatsapp. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones…
Web católico de Javier

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20 de febrero: Aniversario de la batalla de Salta


Manuel Belgrano y la Batalla de Salta

El 20 de febrero de 1813 tuvo lugar la Batalla de Salta, donde se enfrentaron las fuerzas patriotas del Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, y las realistas, conducidas por el general Pío Tristán. La contienda, que se desarrolló en los campos de Castañares, se decidió a favor de las tropas patriotas.
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Belgrano ya se había impuesto sobre el general peruano en Tucumán el 24 de septiembre de 1812. Pero en esta oportunidad, las tropas patriotas combatían por primera vez enarbolando la bandera celeste y blanca. Una semana antes del combate, el 13 de febrero, Belgrano había hecho jurar la bandera en el Río Pasaje, luego denominado Juramento, y en nota a la Asamblea expresaba sobre el trascendental episodio: “Yo no puedo manifestar a V.E. cuánto ha sido el regocijo de las tropas y demás individuos que siguen este ejército: una recíproca felicitación de todos por considerarse ya revestidos con el carácter de hombres libres, y las más ardientes y reiteradas protestas de morir antes de volver a ser esclavos, han sido las expresiones comunes con que han celebrado tan feliz nueva y que deben afianzar las esperanzas de cimentar, muy en breve, el gran edificio de nuestra libertad civil”.

Tras la victoria de Salta, “el padre de la patria” garantizó a los vencidos su libertad siempre que juraran no volver a empuñar las armas contra las Provincias Unidas del Río de la Plata, un gesto de magnanimidad que le granjeó no pocas críticas del gobierno, a las que Belgrano aludiría con grandeza en carta a Feliciano Chiclana: “Siempre se divierten los que están lejos de las balas, y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos; también son ésos los más a propósito para criticar las determinaciones de los jefes: por fortuna, dan conmigo que me río de todo, y que hago lo que me dictan la razón, la justicia, y la prudencia, y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria”.

Fuente: Luis Cánepa, Historia de los símbolos nacionales argentinos, Buenos Aires, Buenos Aires, 1953, pág. 68.

En las vísperas de la batalla de Salta, y al amanecer del 20 de febrero de 1813, cuentan las Memorias Póstumas del General Paz que Belgrano tuvo vómitos de sangre. Pasaron 203 años y no cuesta imaginar al prócer mitigando sus dolores entre las gruesas paredes de la casona de Castañares, donde descansó el Ejército del Norte antes de librar la histórica batalla. Era un sábado lluvioso de febrero. Salta tenía poco más de siete mil habitantes, siete barrios, dos reñideros de gallos y seis canchas de bolos. Era una aldea dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y un precioso bastión estratégico que el ejército realista se disponía a defender con la vida de 3.388 hombres que conformaban sus filas.
El general Manuel Belgrano había llegado a Salta el 18 de febrero de 1813 y descansaba en la casona del coronel José Apolinario Saravia, apodado “Chocolate” por el color de su piel, quién acertadamente le había mostrado un camino desconocido hasta entonces (la quebrada de Chachapoyas), para burlar al enemigo.
“Chocolate”, ansioso por conocer la cantidad y calidad de las fuerzas realistas de Pío Tristán, y las posiciones que ocupaban, se vistió como un leñero, y arreando una recua de burros, marchó hacia la casa de sus padres en la calle La Concordia (actual Buenos Aires).
Cuenta la historia que la lucha comenzó el 19 de febrero a las 11 de la mañana con el ataque por la retaguardia a la posición realista que había copado el Portezuelo. Belgrano, enfermo y dolorido, había preparado un carro para poder desplazarse, pero reunió fuerzas y montó a caballo. A las 9 de la mañana del 20 de febrero, el ejército patriota cubrió todo el ancho de la planicie que en leve plano inclinado conduce a la ciudad. Marchaba compacto sobre el centro con la caballería y la infantería separadas por sectores, reserva plegada y dos columnas de caballería.
Pío Tristán lo esperaba fortaleciendo el lado izquierdo de su formación, y el flanco derecho apoyado sobre el cerro San Bernardo. Esta disposición le posibilitó al español controlar los ataques al principio.
Al promediar el combate, Manuel Belgrano cambió su táctica: movilizó la reserva dotándola de más efectivos de infantería y caballería, y ordenó a Manuel Dorrego, que había reemplazado al segundo jefe Díaz Vélez, gravemente herido, atacar vigorosamente: “lléveselos por delante”, le dijo.
Dispuso cargar simultáneamente con artillería y luego de cruzar el campo condujo él mismo la avanzada contra las barricadas del cerro. Ahí todo varió. La furibunda carga de Manuel Dorrego arrasó el flanco izquierdo junto a las columnas de Zelaya, Pico, Forest y Superí (los primeros oficiales triunfantes de la ciudad) que sostenían la persecución en las calles. Así el centro y el ala izquierda patriota fueron quebrando la resistencia.
Con la retirada cortada, los realistas vencidos retrocedieron desordenadamente quedando atrapados en el corral que circundaba la ciudad denominado Tagarete del Tineo (hoy calle Belgrano), donde fueron diezmados por los criollos. El tramo final de la lucha se concentró alrededor de la Plaza Mayor (9 de Julio), donde la persecución fue cruenta.
Un final como no hubo otro

Desde la iglesia de La Merced comenzaron a doblar las campanas anunciando la rendición incondicional del invasor. Todo un ejército había sido tomado prisionero. “Queda acordado que al día siguiente los soldados realistas salgan de la ciudad con los honores de la guerra, a tambor batiente y con las banderas desplegadas, y que a las tres cuadras rindan las armas y entreguen los pertrechos de guerra…”
El balance de la batalla fue: 17 jefes y oficiales prisioneros; 481 muertos, 114 heridos, 2.776 rendidos. En total eran 3.388 hombres del ejército de Tristán, sin escapar ni uno. Además, 10 piezas de artillería, 2.188 fusiles, 200 espadas, pistolas, carabinas y toda la maestranza.
En un gesto de grandeza y como muestra de su filantropía, Belgrano le evitó a Tristán la humillación de entregarle la espada y, en cambio, lo abrazó delante de todos.
Al final, Belgrano colocó una cruz de madera en la fosa común de los 600 muertos de ambos lados, con la leyenda: “A los Vencedores y Vencidos”
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LAS TRES PLENITUDES


LAS TRES PLENITUDES

Dice San Alberto Magno que existen tres géneros de plenitudes: “La plenitud del vaso, que retiene y no da; la del canal, que da y no retiene, y la de la fuente, que crea, retiene y da”. ¡Qué tremenda verdad!

Efectivamente, yo he conocido muchos hombres-vaso. Son gentes que se dedican a almacenar virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuanto puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido su almacenamiento:ni reparten sabiduría ni alegría.
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Tienen,pero no comparten. Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles. Son simples servidores de su egoísmo.

También he conocido hombres-canal: es la gente que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas, que nunca rumia lo que sabe, que cuanto le entra de vital por los oídos se le va por la boca sin dejar pozo adentro.Padecen la neurosis de la acción, tienen que hacer muchas cosas y todas deprisa, creen estar sirviendo a los demás pero su servicio es, a veces, un modo de calmar sus picores del alma. Hombre-canal son muchos periodistas, algunos apóstoles, sacerdotes o seglares. Dan y no retienen. Y, después de dar, se sienten vacíos.

Qué difícil, en cambio, encontrar hombres-fuente, personas que dan de lo que han hecho sustancia de su alma, que reparten como las llamas, encendiendo la del vecino sin disminuir la propia, porque recrean todo lo que viven y reparten todo cuanto han recreado. Dan sin vaciarse, riegan sin decrecer, ofrecen su agua sin quedarse secos. Cristo -pienso- debió ser así. El era la fuente que brota inextinguible, el agua que calma la sed para la vida eterna. Nosotros-¡ah!- tal vez ya haríamos bastante con ser uno de esos hilillos que bajan chorreando desde lo alto de la gran montaña de la vida.

Autor:  José Luis Martín Descalzo

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La Puerta


 La Puerta

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.
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Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:

–“Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?”
Y le responde el rey:
–“Dime soldado”.
–“¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.
–“Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía:
–“Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgasrse a abrir esta puerta”.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por temor?.
¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños o nuestras metas?

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UN DESEO EN LA SEMANA DEL AMOR


UN DESEO EN LA SEMANA DEL AMOR

Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.
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Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que influyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: “Esto es mío”, solo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que tengas una buena mujer o un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo mas nada que desearte.”
Autor Anónimo.

En este día del amor que nunca olvides que el Amor no es un mero sentimiento sino una decisión. Tu decides amar y sobre todo que el Amor es una persona. Dios.

1 Juan 4:11 Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos á otros

ANONIMO

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LOS TEKIS


 
Los Tekis (“chicos” en quichua), es un grupo jujeño de folklore, compuesto por Sebastián López en primera voz, quena y charango, Juanjo Pestoni en batería, Mauro Coletti en vientos y coros, Pipo Valdez en vientos y charango, Walter Sader en guitarra y Pucho Ponce en bajo. Sus ritmos se centran en la música del Noroeste argentino y Bolivia, como los carnavalitos, bailecitos, huaynos y taquiraris, utilzando instrumentos autóctonos como sikus, zampoñas, quenas y charangos. Debutaron en el Festival de la Serenata de Cafayate de 1991, aunque tocan juntos desde muchos antes. Fueron consagración del festival de Cosquín en 1995, año de lanzamiento de su álbum debut instrumental, titulado “Los Tekis”. Recorren mucho más que cien mil kilómetros cada doce meses, de Norte a Sur, de cordillera a mar, mientras siguen editando discos: “Cantas tú, canto yo” en 1997, “Cumpliendo sueños” en 1998, “Paz interior” en 1999, el disco en vivo “En concierto” en 2000, “Noche de paz” en 2001, “Tekis” en 2002, “Somos” en 2004 y “Mamapacha” en 2007.
En febrero de 2009 en Tilcara, Jujuy, y conmemorando el carnaval, Los Tekis grabaron su primer CD+DVD en vivo, titulado “Soltame carnaval”, en el cual participó el Chaqueño Palavecino.
En 2010 presentaron “Mixtura”.
En 2011 sale “Carnaval, pasión del Norte”, un álbum en vivo junto a Los Nocheros.
En 2012 el grupo innova y saca a la luz el disco “Rock & Tekis”, un material que reúne grandes clásicos del rock argentino interpretados con el estilo de Los Tekis, y en el cual participaron muchos de sus autores como invitados. Entre las canciones que incluye, se encuentran “Arde la ciudad”, con Manuel Quieto de Mancha de Rolando; “Himno del cucumelo” y “Yo tomo”, con Cóndor y Dani de Bersuit Vergarabat; “La vida es una moneda”, con Juan Carlos Baglietto; “Marcha de la bronca”, con Miguel Cantilo; y “Tú sin mí”, con Dread Mar-I. El 7 de noviembre CM, el Canal de la Música, transmitió en vivo la 14° edición de los Premios Gardel a la Música. “Carnaval, pasión del Norte” ganó la terna al Mejor Álbum Grupo de Folklore, compartida con Tonolec y Los Núñez y Ruiz Guiñazú.

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