Recordando a Osvaldo Fresedo. Bandoneonista, director y compositor de tango


Vida Mía

Siempre igual es el camino
que ilumina y dora el sol…
Si parece que el destino
más lo alarga
para mi dolor.

Y este verde suelo,
donde crece el cardo
lejos toca el cielo
cerca de mi amor…
Y de cuando en cuando un nido
para que lo envidie yo.

Vida mía, lejos más te quiero.
Vida mía, piensa en mi regreso.


Sé que el oro
no tendrá tus besos,
y es por eso que te quiero más.
Vida mía, hasta apuro el aliento
acercando el momento
de acariciar
felicidad.
Sos mi vida
y quisiera llevarte
a mi lado prendida
y así ahogar
mi soledad.

Ya parece que la huella
va perdiendo su color
y saliendo las estrellas
dan al cielo
todo su esplendor.
Y de poco a poco
luces que titilan
dan severo tono
mientras huye el sol.
De esas luces que yo veo
ella una la encendió.

Osvaldo Fresedo

Letra de Emilio Fresedo. Música de Osvaldo Fresedo
Compuesto en 1934. Fue estrenado por la orquesta de Fresedo, con Roberto Ray en el canto, en uno de los bailables “Geniol” que organizaba la radio Belgrano.

Nombre real: Fresedo, Osvaldo Nicolás
Seudónimo/s: El Pibe de La Paternal
Bandoneonista, director y compositor.

Nació en Buenos Aires, en el seno de una familia de cómoda posición económica, lo que parece haberlo marcado artísticamente: su orquesta, de estilo refinado y aristocratizante, fue la preferida de los círculos elegantes. Sin embargo, pese a que el padre de Osvaldo era un rico comerciante, cuando el niño tenía diez años la familia se asentó en La Paternal, un barrio algo apartado y humilde, de casas bajas y ambiente popular, lo que también gravitó en su destino. Allí se inició en el bandoneón. La suya fue la trayectoria más extensa que pueda hallarse en el tango: más de 1.250 grabaciones dan testimonio de ella. Su presencia en el disco cubrió 63 años.

En 1913, comenzó a tocar en público como integrante de un terceto juvenil, del que también formaba parte su hermano Emilio en violín, y que completaba una guitarra. Además de animar celebraciones locales, actuaron en el Café Paulín. Tras presentarse en otros cafés del barrio empezó a ser identificado como El Pibe de La Paternal, distinguiéndoselo así del también bandoneonista Pedro Maffia, conocido como El pibe de Flores, otro barrio de Buenos Aires, no muy distante. No obstante, Fresedo nunca pudo rivalizar como ejecutante con Maffia.

Actuó luego en el cabaret Montmartre, invitado por su amigo Eduardo Arolas, y después en el Royal Pigall, a instancias de Roberto Firpo. Arolas y Firpo eran ya, en la segunda década del siglo XX, dos figuras fundamentales del tango como instrumentistas, directores y compositores. En 1916, Fresedo conformó un antológico dúo de bandoneones con Vicente Loduca, grabando en 1917 para el sello Víctor. Uno de aquellos registros corresponde al tango “Amoníaco”, temprana obra suya.

Formó posteriormente un trío con el pianista Juan Carlos Cobián y el violinista Tito Roccatagliata. El encuentro entre Fresedo y Cobián (que cobraría enorme celebridad como compositor de “Los mareados”, “Nostalgias” y otras piezas) fue decisivo para la evolución orquestal del tango en los años ’20. La delicadeza del gusto, los ligados, los suaves matices y los solos fantaseosos del piano apuntaban al oído de las clases altas, aunque llevando hasta ellas el mensaje musical del arrabal profundo, que siempre emergía en el arte fresediano.

También en 1917 había grabado para el sello Telephone como ejecutante en la orquesta dirigida por Roberto Firpo y Francisco Canaro, que se había formado para animar bailes de carnaval en Rosario, la segunda ciudad de la Argentina, sobre el río Paraná. Al año siguiente, Fresedo forma su primer conjunto, en el que intervienen, entre otros, el pianista José María Rizzuti (compositor de “Cenizas”) y el violinista Julio De Caro, que seis años después revolucionaría el género con su sexteto (y que compuso en homenaje a Fresedo el tango homónimo). Fresedo actuó con tal éxito en el Casino Pigall que la suya se convirtió en la orquesta de moda.

En 1921, contratado por la Victor, viajó a Estados Unidos junto con el pianista Enrique Delfino (quien sería el artífice del tango romanza) y el violinista Tito Roccatagliata para integrar, junto a otros músicos, la Orquesta Típica Select, que grabó medio centenar de temas. A su regreso, Fresedo rearmó su sexteto, confiando esta vez el piano a Cobián. Nadie como ellos para instalar el tango en las veladas de los salones aristocráticos de Buenos Aires.

Entre 1922 y 1925, continuó grabando en Victor, y luego, al pasar al sello Odeon, protagoniza un hecho histórico: acompaña a Carlos Gardel en dos registros, los de los tangos “Perdón, viejita” (del propio Fresedo) y “Fea”. El sistema de grabación es aún el acústico. En 1927, el éxito de Fresedo es tal que mantiene en actuación cinco orquestas al mismo tiempo, la principal de ellas en el cabaret Tabarís, sobre la calle Corrientes, la más importante de la ciudad. Esto lo obliga a rotar permanentemente de un local a otro para asomar al menos en cada lugar donde toca una orquesta suya. Una de éstas, que acompañaba los filmes mudos en el cine-teatro Fénix, del barrio de Flores, era dirigida desde el piano por Carlos Di Sarli, quien se convertiría en un director por lo menos tan exitoso como Fresedo y claramente influido por éste.

Fresedo tuvo la audacia de introducir en el tango timbres nuevos, como los del arpa y el vibráfono, y de utilizar discretamente la batería. Eligió además con gran cuidado a sus cantores, que debían armonizar con la exquisitez de su estilo orquestal.

Sobresalieron en su larga trayectoria los vocalistas Roberto Ray, Ricardo Ruiz, Oscar Serpa, Osvaldo Cordó, Armando Garrido y Héctor Pacheco. Se apoyó también en músicos de talento, que como instrumentistas o arregladores aportaron calidad a la orquesta, como en los casos del pianista Emilio Barbato y los bandoneonistas Roberto Pérez Prechi y Roberto Pansera. También el repertorio de Fresedo se enriqueció con las obras escritas por ellos, rara vez hallables en otros repertorios.

Como compositor, Fresedo fue prolífico y exitoso, pero generalmente superficial. Su tango más célebre es el melodioso “Vida mía”, pero fueron también muy celebrados “Pimienta”, “Arrabalero”, “Tango mío”, “El once (A divertirse)”, “El espiante”, los bellísimos “Aromas”, “Volverás”, “Sollozos” y “Siempre es carnaval”, “Ronda de ases”, “De academia”, “Por qué” y “Si de mí te has olvidado”.
Por
Julio Nudler

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20 de Noviembre: Día de la Soberanía Nacional.


Argentina celebra el Día de la Soberanía Nacional. La fecha conmemora el día que ocurrió la batalla de Vuelta de Obligado (1845), cuando los soldados argentinos -en inferioridad de condiciones- resistieron un ataque en el río Paraná del ejército anglo-francés, por entonces, el más poderoso del mundo.

El combate de la “Vuelta de Obligado” es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos.

La Batalla de la Vuelta de Obligado ha sido recordada en los billetes de 20 pesos argentinos, que en una cara lleva el retrato de Juan Manuel de Rosas y en su reverso una imagen de la Batalla de la Vuelta de Obligado.

Los pocos emblemas de los estados de la Confederación Argentina que fueron tomados por los franceses fueron reintegrados a la República Argentina por el premier francés Jacques Chirac.

El sitio donde estuvo ubicada la batería argentina es hoy un sitio histórico, con monumentos e inscripciones que recuerdan el hecho.

En el cruento Combate de la Vuelta de Obligado, del 20 de noviembre de 1845, el Regimiento de Patricios al mando del coronel Ramón Rodríguez tuvo una actuación tan valerosa que, muchos años más tarde, en 1883, el que fuera jefe en aquella oportunidad de las fuerzas inglesas, entregó al consulado argentino en Londres una bandera argentina tomada en el combate contra las tropas nativas.

En 1973, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el Congreso Nacional declaró el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional con carácter de feriado optativo, lo que fue abolido durante la dictadura militar.

El día 3 de noviembre de 2010 se firmó el decreto 1584 nuevamente declarando el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional, con carácter de feriado nacional en toda la República Argentina

La Vuelta de Obligado

El 20 de noviembre de 1845, siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, tuvo lugar el enfrentamiento con fuerzas anglofrancesas conocido como la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro. La escuadra agresora intentaba obtener la libre navegación del río Paraná para auxiliar a Corrientes, provincia opositora al gobierno de Rosas. Esto permitiría que la sitiada Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral. El encargado de la defensa del territorio nacional fue el general Lucio N. Mansilla, quien tendió de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con fuerzas muy superiores a las locales. A pesar de la heroica resistencia de Mansilla y sus fuerzas, la flota extranjera rompió las cadenas y se adentró en el Río Paraná.

 

Quizás uno de los aspectos más notables e indiscutidamente positivos del régimen de Rosas haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso en la convicción –que compartía con su clase social- de que el Estado era su patrimonio y no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto una actitud nacionalista fanática que se transformaría en xenofobia ni mucho menos, sino una política pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata a fin de proteger sus intereses: “El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación de el Río de la Plata. También presenta una petición del mismo tenor de los banqueros, tenderos y tratantes de Manchester. El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata, y abrigo la esperanza de que con este resultado se obtendrá un mejoramiento del presente estado de cosas y una gran extensión de nuestro comercio en esas regiones; pero perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso para sus intereses tanto como para los nuestros, pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes”.

El canciller Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y no ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo”.

Se ve que Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de cientos de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas que debutan como aliadas, como no podía ser de otra manera, en estas tierras.

La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.

Aquella mañana el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; éste sólo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: “En el suelo extranjero en que resido, en el lindo país que me hospeda sin hacer agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos: Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos”.

El encargado de negocios norteamericano en Buenos Aires, William A. Harris, le escribió a su gobierno: “Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque (…) se perjudican los negocios de todas las naciones”.

Dice el historiador H. S. Ferns: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes. Desde el punto de vista comercial la aventura fue un fiasco. Las ventas fueron pobres y algunos barcos volvieron a sus puntos de partida tan cargado como habían salido, pues los sobrecargos no pudieron colocar nada”.

Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante estos episodios le valió la felicitación del general San Martín y un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

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19 de Novienbre de 1882: Fundación de La Plata


ORIGEN DE LA CIUDAD DE LA PLATA 
Después de muchos años de enfrentamientos sangrientos y de haber sido designada Buenos Aires como capital de la República, era necesario crear una capital para la provincia de Buenos Aires y comprendiéndolo así, su gobernador, el doctor Dardo Rocha, pocos días después de asumir el mando, en mayo de 1881, dispuso que se iniciaran los estudios para determinar el lugar en que debía establecerse la nueva capital de la provincia, según lo resuelto en octubre de 1882. En principio fueron consideradas las zonas de Campana. Lomas de Ensenada y Zárate y en segundo lugar, Quilmes, Olivos y San Fernando. También se pensó en algún momento en la ciudad de Mar del Plata. Por fin fue elegido el Municipio de Ensenada, frente al puerto del mismo nombre y con un ejido de seis leguas cuadradas.

El 14 de marzo de 1882 el doctor Dardo Racha, elevó un mensaje a la Legislatura Provincial acompañando un proyecto por el que se declaraba capital de la provincia de Buenos Aires el municipio de la Ensenada. El proyecto fue aprobado con algunas reformas, siendo la más importante la que se refería al nombre de la futura ciudad. La tradición atribuye a JOSÉ HERNÁNDEZ, autor de “Martín Fierro”, la idea de bautizar a la nueva ciudad con el nombre de “La Plata”. El 1º de mayo de ese año se promulgó la ley declarando capital de la provincia de Buenos Aires al municipio de la Ensenada y ordenando la fundación de una ciudad que se denominaría “La Plata”. Finalmente, el 19 de noviembre de 1882, el doctor DARDO ROCHA, colocó la piedra fundamental de la que sería la ciudad costera de La Plata, al sudeste de Buenos Aires y con ello se da por fundada esta ciudad, que será la futura capital provincial.

Fue un día de calor insoportable. En el terreno que actualmente ocupa la Asistencia Pública se sirvió un asado preparado por el poeta José Hernández. La ceremonia de la colocación de la piedra fundamental se llevó a cabo a las dieciséis. Hablaron DARDO ROCHA y VICTORINO DE LA PLAZA, este último en nombre del entonces presidente de la República teniente general JULIO A. ROCA. El acta de fundación fue firmada en dos ejemplares: uno se colocó en una urna y el otro ha desaparecido. Por ley de 8 de agosto de 1952 se cambió el nombre original por el de Eva Perón, volviendo a su primitiva denominación en septiembre de 1955.

Diseñada y construída bajo la dirección del arquitecto nacido en Buenos Aires, PEDRO BENOIT (1836-1897), según expresas directivas de Dardo Rocha, para levantar la ciudad de La Plata se pusieron en juego todos los recursos técnicos y humanos disponibles. Fue necesario tender tres líneas férreas de 90 kilómetros que sirvieron para transportar millares de toneladas de cal y piedra que fueron traídos desde muy lejos porque no había materiales de construcción en la zona. Se reunieron miles de obreros que enseguida comenzaron a trabajar en un ritmo febril. De inmediato se levantaron más de cien hornos de ladrillo ya que no había ninguno en el lugar y en pocos meses la ciudad comenzó a ser realidad. El mismo arquitecto Benoit, realizó el trazado, planeó y dirigió la construcción de casi todos los edificios oficiales, entre ellos, la Catedral y la Iglesia de San Ponciano y a principios de 1883, se instalaron en el lugar los arquitectos y constructores italianos Juan Buschiazzo, Angel Fiorini, Pedro Rimoldi y Luis Gamba, quienes con el concurso de 4.000 albañiles y obreros italiano, pusieron manos a la obra y la ciudad comenzó a surgir.

Una de las primeras obras en iniciar su construcción fue la Catedral, y la obra, puesta a cargo del arquitecto LUIS GAMBA, comenzó en 1882 y se terminó en 1884. Luego se levantaron el Ministerio de Gobierno y Hacienda, el Departamento de Policía y Bomberos, la Iglesia parroquial, el hospital, el Banco de la Provincia y el Hipotecario y la estación del ferrocarril. Bajo la atenta participación de Rocha, se tendieron tres líneas férreas de noventa kilómetros y se proyectó la apertura de más de 2.000 kilómetros de caminos que debían converger en la nueva capital que pronto estuvo también conectada por la red telegráfica. Se construyeron más de cien hornos de ladrillos, se llevaron desde Buenos Aires miles de toneladas de cal y piedra. Se empedraron las calles, se tendieron cables del alumbrado eléctrico y se establecieron las aguas corrientes. Fue un milagro de la voluntad y del tesón humano. En pocos años, la nueva ciudad pasó del proyecto a la realidad; del plano a la construcción en una llanura desierta, junto a un bosque artificial.

En el corto plazo de un año y medio ya estaban casi listos la mayoría de los edificios públicos y numerosos privados. Ya había 1.500 casas particulares y el 15 de abril de 1884, se instalaron las autoridades, cuando la ciudad ya tenía 20.000 habitantes, de ellos 15.000 italianos. Concebida con fastuosidad y creada con abundancia, se le­vantaron los palacios públicos como hitos gigantescos del desarrollo urbano. Sarmiento dijo en 1886: “En cuatro años hemos visto aparecer donde antes habla una ciénaga, un puerto como el de Port Said, en el istmo de Suez, y en la lla­nura, una ciudad como Buffalo”.

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18 de noviembre de 1908: Nace Juan Carlos Castagnino


CASTAGNINO, JUAN CARLOS

Nace en la ciudad de Mar del Plata en 18 de noviembre de 1908 y muere en Buenos Aires el 21 de abril de 1972.

Su formación artística comenzó en la Mutualidad de Estudiantes de Bellas Artes y continuó en la Escuela Superior de Bellas Artes “E. de la Cárcova”. También trabajó un tiempo en el taller de Lino E. Spilimbergo.

Desde los años ’30 es asiduo concurrente a los Salones Nacionales. En el año 1933 obtiene el Premio Estímulo por su obra Obreros Campesinos y la década del ’40 significar su primer momento de consagración al merecer en el ’43 el 3º Premio Nacional por Tierra adentro, el 2º Premio al año siguiente por Mujer del Páramo y, finalmente, el Primer Premio en 1948 por Hombre del río. Por su parte, la década del ’50 ve, por un lado, la consolidación de su éxito en el país con el Gran Premio de Honor Ministerio de Educación y Justicia en 1956 y, por el otro, la proyección del mismo en el extranjero. En efecto, la Medalla de Honor en pintura en la Feria Internacional de Bruselas y la invitación para participar en la Bienal de Porto Alegre, ambas en 1958, ponen de manifiesto la amplitud del reconocimiento de su obra.

El año 1933 es de una importancia significativa para el desarrollo del arte argentino y, en particular, para la formación de Castagnino. La llegada a Buenos Aires del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros para dictar una serie de conferencias en la Asociación Amigos del Arte, pone al artista argentino en contacto con un nuevo pensamiento estético y una técnica diferente. Siqueiros nuclea a un grupo de pintores, entre los que se encuentra Castagnino, para pintar un mural en la residencia del entonces director del diario “Crítica”, Natalio Botana. La concepción de un arte de alcance social y la integración de la pintura al espacio de la vida cotidiana, señalan a Castagnino una nueva orientación artística. Sus murales en las galerías Pacífico, San José de Flores, París y de los subsuelos del Obelisco testimonian la adhesión del pintor a un arte de alcance masivo.

En el año 1938 viaja, por primera vez, a Europa. Allí ingresa en la Academia de la Grande Chaumière (lugar de formación de una significativa cantidad de artistas latinoamericanos) y estudia, entre otros, con el pintor postcubista André Lhote.

Cuando vuelve al país emprende un viaje por el norte argentino, interesándose por la relación del hombre con su entorno. Le preocupa el hombre del interior y el paisaje nacional. Esta vinculación de la obra de Castagnino con “lo nacional” aflorar unas décadas más tarde cuando, en el año 1962, la editorial EUDEBA le encargue la ilustración de una nueva edición del Martín Fierro. El artista pasa gran tiempo informándose acerca de la vida del gaucho en el campo y los dibujos que resultan de este estudio se constituyen en la imagen plástica de la gauchesca evocada por Hernández en su obra.

PLANTEAMIENTOS ESTÉTICOS DE SU OBRA

La obra de Castagnino es esencialmente figurativa. Siempre se apoyó en los datos que provenían de la realidad inmediata. En ese sentido está muy lejos de esa actitud de conceptualización típica de los pintores abstractos racionales. La suya es una pintura muy dependiente de su relación con el entorno. Cuando Castagnino obtiene sus mayores reconocimientos oficiales transcurre la d‚cada del ’40, una década en la que se ven claramente las dos vías por las que transita el arte argentino: la aparición de la pintura concreta, con una rigurosa concepción fundada en los principios de la forma y la pintura figurativa, vía en la que se coloca nuestro artista.

De todas maneras esta adhesión a la figuración no aleja a Castagnino de las nuevas corrientes del arte moderno. En el naturalismo del artista la síntesis expresiva prima por sobre la descripción anecdótica.

En sus primeras obras hay una marcada tendencia hacia una paleta de colores cálidos, rosas y violáceos caracterizarán una iconografía en la que el hombre y su paisaje cotidiano serán el eje de las preocupaciones del artista. Esta elección temática lo vincula con las obras de Spilimbergo, de quien fuera discípulo, de Gómez Cornet, amigo e interlocutor en muchas oportunidades, de Berni, de Urruchúa, de Colmeiro y tantos otros artistas argentinos con quienes compartía una evidente inclinación hacia la pintura de tipo social. De todas formas creemos que, tal como lo indican Dragoski y Méndez Cherey en el estudio que le dedicaron (citado en la bibliografía correspondiente), lo social, en Castagnino, no agota la totalidad de sus búsquedas artísticas, incluso aún en aquellas obras en las que trata temas vinculados con las clases más desposeídas nunca llega al nivel de denuncia que se puede encontrar en otros pintores contemporáneos.

Con el paso de los años y el aporte de algunas influencias – un viaje a China en el año 1952, entre otras- en la obra de Castagnino se producen algunos cambios: se dinamiza el dibujo, las formas se abren y la composición se vuelve más espontánea.

El trabajo en contacto con Siqueiros en la quinta de Natalio Botana, con el consecuente apredizaje del uso de pistolas de aire comprimido, sopletes, piroxilina, etc., las técnicas de dibujo aprendidas en China, el uso de acrílico a partir de los años ’60, entre otros datos, evidencian que la pintura de Castagnino no sólo es el reflejo de una realidad vivida, sino también de la constante investigación del artista en el exclusivo terreno de la praxis pictórica.

17 de Noviembre: Recordamos a Lola Mora: Día Nacional del Escultor


El 17 de noviembre se recuerda el natalicio de “Lola Mora”, instituido por el Congreso Nacional como “Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas” por Ley 25.003 de 1998. Con tal motivo, La Fundación Lola Mora, saluda a todos los Escultores y artistas plásticos de la Republica Argentina exaltando la vida y obra de la Primera Escultora Argentina y Sudamericana, inventora, investigadora, urbanista, escritora y precursora de la Cinematografía y la Tv, nuestra recordada y admirada “Lola Mora”

Lola Mora fue una mujer de gran talento que se animó a desarrollar diversas actividades que estaban completamente vedadas a las mujeres de su época; pero no solo hubo transgresión, hubo genio por sobre todo.
La vida de Lola Mora


No extraña que haya sido la primera escultora argentina y sudamericana; que, a la vez, se destacara como urbanista e investigadora y fuera, además, pionera indiscutible de la minería nacional. Fue ella quien participó en la obra del tendido de rieles del Ferrocarril Trasandino del Norte o Huaytiquina, por donde, en la actualidad, transita el maravilloso Tren de las Nubes, uno de los principales atractivos turísticos de Argentina.

Asimismo, como urbanista fue autora del primer proyecto de subterráneo y galería subfluvial para la Ciudad de Buenos Aires y también previó el trazado de las calles de la ciudad de Jujuy. Y era mujer, en un mundo que hasta ese momento gobernaban solamente los hombres.

Una mujer escultural
La vida de Lola Mora
Lola Mora se destacó principalmente dentro del mundo de la escultura y la pintura; de hecho, dejó numerosas obras de arte que actualmente están dispuestas en varios puntos del país. Por ejemplo, en la Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires hoy se encuentra la famosa y bellísima Fuente de las Nereidas, mientras que en la ciudad de Rosario el tradicional Monumento a la Bandera la tuvo también como protagonista.

Pero fue en el norte argentino donde su trayectoria comenzó a dar que hablar. En la provincia de Jujuy, alrededor de la Casa de Gobierno de la provincia, las estatuas de La Justicia, El Progreso, La Paz y La Libertad muestran su genialidad.

En la provincia de Salta, más precisamente en el Parque San Martín, se expone la estatua del Dr. Facundo de Zuviría, quien fuera presidente de la Convención Constituyente de Santa Fe. En la ciudad se puede admirar también el Monumento 20 de Febrero, obra realizada en París, bajo la mirada de Lola, y luego trasladada a la provincia norteña.

Tucumán fue, sin duda, uno de los lugares donde la artista dejó su sello inigualable, y precisamente en su famosa Casa Histórica dos muestras de su genio hablan por sí mismas: las esculturas que hablan de la Independencia y de la Revolución de Mayo, dentro del patio principal de la casa donde se proclamó el 9 de Julio de 1816 la Independencia Nacional.
La vida de Lola Mora
Vida y obra de Lola

Su nombre completo fue Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández y nació el 17 de noviembre de 1866 en lo que en ese entonces era el territorio del obispado de Tucumán, que, en la actualidad, se ubica en el departamento de La Candelaria, en la provincia de Salta, donde viven tan sólo alrededor de 2.500 habitantes.

Lola pasó su infancia en Tucumán junto a seis hermanos y estudió en el Colegio del Huerto, en el que supo demostrar su fuerte inclinación hacia el arte. A los 29 años, tras obtener una beca del gobierno argentino, se trasladó a Roma (Italia) para aprender junto a los mejores. Allí, nutriéndose de las obras artísticas del Viejo Mundo consiguió desarrollar aun más su talento como artista, el cual trajo a nuestro país, a pesar de cientos de oportunidades que tuvo para seguir en Europa.

Falleció el 7 de junio de 1936 y su vida sirvió para inspirar a artistas de todo el mundo, tanto en nuestro país como en el exterior. Su presencia y reconocimiento es cada vez mayor. No por nada en su memoria el Congreso de la Nación Argentina instituyó la fecha de su natalicio como el Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas, un verdadero acto de justicia para una mujer que se encargó de dejar con sus manos huellas en la historia y la vida de un país.

Pablo Etchevers

16 de Noviembre: Día mundial de la Tolerancia


 

Día Internacional de la Tolerancia
En Diciembre de 1996 la Asamblea General de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, resolvió celebrar este día para destacar el valor de la tolerancia y la riqueza de la diversidad humana.

En 1995, declarado Año de las Naciones Unidas por la Tolerancia, la UNESCO proclamó la importancia de educar a niños y niñas y a la población en general en el respeto mutuo y el reconocimiento a los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Este organismo promueve los valores de la tolerancia mediante estrategias integradas de lucha contra el racismo, la discriminación y la xenofobia, e impulsa acciones educativas de calidad protegiendo la diversidad cultural.

El Documento Final de la Cumbre Mundial 2005 reafirma el compromiso de los gobiernos de fomentar el bienestar, la libertad y el progreso, así como alentar la tolerancia, el respeto, el diálogo y la cooperación entre diferentes culturas, civilizaciones y pueblos.

Qué es la Tolerancia:
Tolerancia se refiere a la acción y efecto de tolerar. Como tal, la tolerancia se basa en el respeto hacia lo otro o lo que es diferente de lo propio, y puede manifestarse como un acto de indulgencia ante algo que no se quiere o no se puede impedir, o como el hecho de soportar o aguantar a alguien o algo.

La palabra proviene del latín tolerantĭa, que significa ‘cualidad de quien puede aguantar, soportar o aceptar’.

La tolerancia es un valor moral que implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas, prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras.

Vea también Respeto

En este sentido, la tolerancia es también el reconocimiento de las diferencias inherentes a la naturaleza humana, a la diversidad de las culturas, las religiones o las maneras de ser o de actuar.

Por ello, la tolerancia es una actitud fundamental para la vida en sociedad. Una persona tolerante puede aceptar opiniones o comportamientos diferentes a los establecidos por su entorno social o por sus principios morales. Este tipo de tolerancia se llama tolerancia social.

Por su parte, la tolerancia hacia quienes profesan de manera pública creencias o religiones distintas a la nuestra, o a la establecida oficialmente, se conoce como tolerancia de culto, y está estipulada como tal por la ley.

Tolerancia: palabra difícil si las hay, pero trataremos de expresarla en pocas palabras.

Diríamos que tolerancia es aceptar la diversidad de opinión sea social, étnica cultural o religiosa, podríamos pensar también en la capacidad para saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas que el humano tiene de ver la vida.

La tolerancia entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces un valor de enorme importancia.

El saber respetar otras opiniones diferentes a las nuestras, se traduce en una posición en la que uno se siente el eje de todo y se admite que hay una relatividad que debe de llevarnos a respetar otras formas de estar, a enriquecernos con esa diversidad, y por sobre todo a trabajar para que a todos les llegue la justicia social.

La tolerancia también puede ser entendida desde la aceptación de que no todo es perfecto, empezando por el propio hombre. Por todo ello tenemos que practicar el dialogo y la comunicación para de esa manera facilitar una mejor actitud tolerante.

El tipo de AMOR que necesitas DAR…


Haz lo bueno, pero no para obtener méritos o reconocimientos de los demás…
Tampoco por el temor a recibir un castigo…
De nada te sirve si obras por obligación o presión…

Si no tienes la espontaneidad para:
Trabajar en la obra del Señor…
Ir donde Dios te lo pida…
Poner tus dones, capacidades y recursos a disposición de Dios…
Atender las diversas necesidades de las personas que te rodean…
Nadar en contra de la corriente del mundo…
Anteponer tus conveniencias o seguridades…
Si no tienes esa clase de espontaneidad, entonces de nada te sirve…

No murmures ante lo que te pidan hacer…
Tampoco demuestres tu descontento, pues con ello haras sentir mal a los demas. Si haces asi ante ese favor insignificante que te piden hacer. ¿Como sera cuando tengas que hacer cosas mayores?

El apostol Pablo les escribe a los corintios:
Todas vuestras obras sean hechas con amor
1 Corintios 16:14

Eso es lo que Dios nos esta pidiendo practicar a todos los cristianos…

El AMOR es fruto de un corazón espontáneo controlado por el Espíritu Santo…
Ese es el tipo de AMOR que necesitas…
El tipo de AMOR que todos necesitamos…

Pídele al Señor una revitalización espiritual abundante que inunde todas las áreas de tu ser…
Esta es una obra que el Espíritu Santo es capaz de hacer con su poder sobrenatural…

Dios quiere emplearte para grandes cosas que te ha mostrado y te seguirá mostrando, pero para ello necesitas revitalizarte espiritualmente…
Necesitaras mucha CONVICCION y un AMOR INCONDICIONAL para emprenderla…
Ese es el tipo de AMOR que necesitas DAR…
Es entonces cuando tu cristianismo tendrá el sentido que esperas…

Jose Alfredo Liévano

Los Huayra


 

La banda Los Huayra nació en la ciudad de Salta. Está integrada por Juan José Vasconcellos en guitarra, Juan Fuentes en voz y guitarra, Sebastián Giménez en guitarra y charango, Luis Benavidez en teclado, Hernando Mónico en bajo; y Álvaro Plaza en batería.
En el año 2005 obtienen el premio Revelación en el festival de Doma y Folklore de Jesús María y editan su álbum debut homónimo, el cual contiene, entre otros del cancionero popular, temas de Fito Páez, Carlos Gardel y Horacio Guarany. Además estuvieron presentes en La Salamanca 2006, Baradero 2008 y en el Festival de Cosquín en 2009.
“La Voz del Viento” llega en 2007. En 2009 editan “Código de Barro”.
En 2011 sale a la venta “Pueblo” y “Misa Criolla”, álbum que les otorga un Premio Gardel en 2012.
En 2013 se conoce “Vivo”, CD+DVD grabado en la Ciudad de Salta a fines del año anterior. Este álbum contiene originales versiones de “Fiesta” de Joan Manuel Serrat y “Muchacha, Ojos de Papel”, de Luis Alberto Spinetta.
En febrero de 2016 anuncian la salida de “Gira”, su nuevo álbum, cuyo primer corte se titula “La Luz de la Ciudad”. A la venta el 4 de marzo, “Gira” fue registrado a mediados de 2015 y cuenta con la producción de Rafa Arcaute, quien trabajó con Spinetta, Calle 13, Illya Kuryaki and The Valderramas y otros. El día 20 de mayo lo presentan en vivo en Buenos Aires, en el Teatro Ópera Allianz. Es el séptimo álbum de la banda y el primero compuesto íntegramente por ellos. “Gira” recibió dos nominaciones en las categorías Mejor Álbum de Folklore y Productor del Año, de los Premios Grammy Latinos.

http://www.loshuayra.com/

Recordando a Arturo Jauretche


El 13 de noviembre de 1901 nació en la localidad bonaerense de Lincoln el político, ensayista y polemista Arturo Jauretche. Militante radical en su juventud, fue uno de los fundadores del movimiento Forja. En 2003 el Congreso de la Nación mediante la ley 25.844 instituyó al 13 de noviembre como “Día del Pensamiento Nacional”, en su homenaje. 

“El sistema habitual con el que se ha pretendido en la Argentina anular o esterilizar la fuerza de un luchador político después de su muerte ha consistido, por lo general, en rescatar aquellos elementos puramente anecdóticos, lo epidérmico más trivial de una biografía.
No se debe permitir que se haga lo mismo con Arturo Jauretche. Hasta es posible adelantarse a pronosticar cuáles serán los datos que se pretenderá destacar de su biografía. Hablarán de su perpetua corbatita de cinta, de su blando fungi gris, del poncho que portaba sobre el hombro, de su amistad con Raúl Scalabrini Ortiz, de su presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires, de sus últimos cargos en Eudeba y el Fondo Nacional de las Artes y -por supuesto- mencionarán su duelo con el general Larcher y también aquel programa de televisión en el que alguien lo calificó de nazi y Jauretche lo corrió con un facón por el estudio.
Nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, provincia de Buenos Aires, un pueblo al que -como explicó- le agregaron una “n” al final del nombre para que en lugar de recordar al cacique Lincol, los escolares de la zona evocaran al presidente norteamericano.
Expulsado de la Facultad de Derecho a poco de la revolución del 30, junto con Homero Manzi, por su decidida militancia yrigoyenista, pudo reingresar en 1932, y ese mismo año se recibió, pero nunca fue un abogado tradicional. Quizá porque la política no le dio demasiadas treguas. En diciembre de 1933 participó en el levantamiento de Paso de los Libres; tras el combate fue hecho prisionero y en la cárcel escribió el estupendo poema que lleva el título de la batalla, al que nada menos que Jorge Luis Borges (todavía insertado en la línea nacional) le puso prólogo.
Después del fracaso de la revolución encabezada por el coronel Roberto Bosch, Jauretche, al abandonar la cárcel, lanzó la idea de fundar una nueva corriente dentro del radicalismo que rescatara las banderas nacionales de Hipólito Yrigoyen, y el 29 de junio de 1935, con un grupo de afiliados, entre los que figuraban Gabriel del Mazo, Luis Dellepiane, Juan B. Fleitas, Homero Manzi y Manuel Ortiz Pereyra, entre otros, fundaron Forja (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Poco después se agregaría al grupo uno de sus principales animadores: Raúl Scalabrini Ortiz.
Según sus propias palabras, “la tarea de Forja no fue hacer liberalismo, ni marxismo, ni nacionalismo sino contribuir a una comprensión en la que el proceso fuera inverso y que las ideas universales se tomaran sólo en su valor universal, pero según las necesidades del país y según su momento histórico lo reclamasen. En una palabra, utilizar las doctrinas y las ideologías y no ser utilizado”.
De acuerdo con esos postulados, los forjistas se encargaron de mostrar las relaciones entre la oligarquía nativa y el imperialismo británico, practicaron el revisionismo histórico como una manera de señalar las constantes de una política de entrega, y denunciaron cada una de las maniobras efectuadas durante la década infame.
El 15 de diciembre de 1945, el grupo se disolvió porque el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse Forja ya habían sido cumplidos dos meses antes.
A la caída del gobierno popular en setiembre de 1955, Jauretche volvería a la lucha y al mismo tiempo daría principio a una nueva etapa de su acción política; ya no se trataba del orador de barricada, a partir de ahora, Jauretche sería un modelo de intelectual argentino, ajeno por completo a los modelos habituales. En sus libros sus compatriotas encontrarían las claves de la dependencia y el coloniaje.
En 1955, desde la clandestinidad y mientras preparaba los originales de un periódico de combate, El 45, Jauretche respondió al Plan Prebisch desde su libro Retorno al coloniaje, con el que desarmó el andamiaje de argumentos del especialista de la Cepal, llamado por el gobierno de la revolución de setiembre para que restableciera los lazos del coloniaje económico quebrado por el gobierno popular.
Dos años después publicó Los profetas del odio, y a través de los ejemplos de ciertos intelectuales, en especial Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada, fustigó a la intelligentzia nativa.
Finalizaba aquel volumen haciendo un llamado a reconocer aciertos y errores para no volver a equivocarse en el futuro. Y definía: “Ni el proletariado, ni la clase media, ni la burguesía, por sí solos pueden cumplir los objetivos comunes de la lucha de la liberación nacional. El movimiento debe revestir la forma piramidal que tuvo en su origen y que es típica de todo proceso de liberación.”
En Política y ejército y un breve folleto publicado como separata del semanario Qué en 1958, planteó una nueva geopolítica cuyas raíces podían encontrarse en la antigua posición de Forja.
En Prosa de hacha y tiza (de 1961) y Filo, contrafilo y punta, de tres años después, recogió lo más vitriólico y esclarecedor de su prédica periodística, contra lo que él bautizó “la tilinguería”, “las señoras y los señores gordos”, los “fubistas” y la tontería izquierdista o conservadora.
En El medio pelo, su libro más notorio, Jauretche se encargó de mostrar, como en una fotografía cruel, los tics de una clase que pretendió -y pretende- copiar modelos de segunda mano. Mediante una actitud puramente empírica, basada en la experiencia más directa (porque burlonamente desconfiaba de supuestos rigores científicos), efectuó una humorística y lúcida disección de ciertos sectores de la sociedad argentina.
Para entonces ya su estampa se había popularizado entre los jóvenes, que lo sentían uno de los suyos. Sus libros andaban de mano en mano y sus viejas doctrinas, aquellas que eran tercamente silenciadas durante la década infame, se aplicaban como ideología rectora del movimiento nacional.
Desde la vereda opuesta, como ahora ya no era posible la conspiración del silencio, se trató de disminuir su imagen. Para muchos era sólo un “loco lindo”, un personaje pintoresco. Los más exquisitos mentaban la chabacanería de su estilo. Pero pese a todo era ya imposible una discusión seria. Jauretche, pero esencialmente su ideología nacional, se había hecho carne entre la mayoría de los argentinos.
En los últimos tiempos más de una vez se le preguntó si nunca había anhelado un cargo público de primera línea. Jauretche siempre respondía: “Es lógico que no se me haya llamado porque la revolución devora a sus padres, no a sus hijos, porque los padres, por revolucionarios que sean, están conformados por un mundo de hábitos, gustos, ideas, de todo lo cual no es posible desprenderse como de un traje.”

Semblanza de Jauretche, en “Un intelectual ajeno a los modelos habituales”, nota de Horacio Salas publicada en la revista La Maga, nº 54 del 27 de enero de 1993.
Podés encontrar más información digitalizada sobre Arturo Jauretche buscando en la Base de Datos del Archivo en http://www.teaydeportea.edu.ar/archivo/

 

El Resentimiento


El tema del día era El Resentimiento, y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico.

Ya en clase elegimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran mas importantes para mí.

Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental. Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse.

Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.

Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado. La falta de perdón es el veneno mas destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.

El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces la persona mas importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás medido.

“Aligera tu carga y estarás mas libre para moverte hacia tus objetivos”