Tomate un tiempo en esta Navidad para apartarte un ratito y preparar con las manos de la oración la casa que es tu corazón.
Echa afuera los empolvados temores, quita las telarañas de tu preocupación hasta que en la casa que es tu corazón esté la Navidad dondequiera.
Ilumina toda ventana con amor, y deja que este amor brille, para que los que caminan afuera compartan esta luz bendita; entonces las habitaciones resplandecerán de alegría.
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El hogar se bendecirá con paz, y el mismo Cristo entrará para ser tu huésped navideño.
Al pensar en la casa que es tu corazón, te llenas de una sensación de gozo, cordialidad y paz. Por supuesto que el énfasis está en la realidad del reino interior del pensamiento y el sentimiento, ¡ Y qué mejor manera de describirlo que como la casa que es tu corazón!
Toma tiempo para experimentar la Navidad.
Esta es una Navidad que nunca antes ha existido…
Tiene sus propias profundidades, gozos y donaciones.

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