Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas ése día de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Sus cadáveres destrozados aparecieron en el fondo de un precipicio. Para el movimiento popular y feminista de República Dominicana históricamente estas mujeres han simbolizado la lucha y la resistencia.
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Luego, en 1993 El 20 de diciembre de 1993, la Asamblea General aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, y el 17 de diciembre de 1999, a través de la resolución 54/134, la Asamblea General ha declarado el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Invitando a los gobiernos, las organizaciones internacionales y las organizaciones no gubernamentales a que organicen en ese día actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública respecto al problema de la violencia contra la mujer.

busca la concientización y participación de todos los sectores de la sociedad -fundamentalmente la de los gobiernos-, con el objetivo de erradicar todo tipo de violencia de género: simbólica, física y psicológica, que se expresan como violencia cultural, política, económica, social, laboral e intrafamiliar. Si bien no existen estadísticas precisas se estima que el 60 por ciento de las mujeres del mundo sufrirán algún episodio de este tipo en su vida.

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, demuestra el reconocimiento y la comprensión internacionales de que la violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra la mujer.

Dentro de sus párrafos más significativos se puede leer que: “Reconociendo que la violencia contra la mujer constituye una manifestación de unas relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a que el hombre domine a la mujer y discrimine contra ella, impidiendo su adelanto pleno, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se reduce a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre.
Reconociendo también que los derechos humanos de la mujer y de la niña son una parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales y reconociendo además la necesidad de promover y proteger todos los derechos humanos de la mujer y la niña”.

Este año, reiteró su llamamiento a gobiernos, sociedades, entidades y personas del mundo para continuar la lucha frente a la violencia contra la mujer y por el castigo a los responsables de esos actos. La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navy Pillay, recordó que cerca de un 60 por ciento de las mujeres en el mundo sufrirán violencia de género al menos una vez en su vida, y pidió el fin de la “apatía” y de la “complicidad” de la sociedad ante este problema.

“Aunque no hay estadísticas precisas, porque la violencia contra las mujeres, especialmente la doméstica, es un crimen oculto, las cifras recientemente publicadas por la ONU sugieren que en algunos países hasta el 60 por ciento de las mujeres pueden sufrir violencia física al menos una vez en su vida”, señaló Pillay.

“Ningún país, sea rico o pobre, dictatorial o democrático, ha conseguido eliminar la violencia contra las mujeres. Las cifras son de proporciones pandémicas, tan amplias, que nos distraen de la tragedia de la vecina de al lado”, finalizó la funcionaria.

La violencia contra la mujer adopta formas diversas, incluidas la violencia en el hogar; las violaciones; la trata de mujeres y niñas; la prostitución forzada; la violencia en situaciones de conflicto armado, como los asesinatos, las violaciones sistemáticas, la esclavitud sexual y el embarazo forzado; los asesinatos por razones de honor; la violencia por causa de la tenencia de los hijos; el infanticidio femenino y la selección prenatal del sexo del feto en favor de bebés varones; el no reconocimiento de las expresiones e identidades de género; la mutilación genital femenina y otras prácticas y tradiciones perjudiciales.

En Argentina, a pesar de los años, esta situación es soportada por muchas mujeres: campesinas, periodistas, desplazadas, sindicalistas, estudiantes, maestras, descendientes de pueblos originarios, entre otras tantas minorías discriminadas que siguen siendo víctimas de violencia cultural, política, económica, social, laboral e intrafamiliar.

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