Los católicos estamos de fiesta porque el 1º de noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿Quiénes son los santos?
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Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los súper poderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

El cura Brochero

El Papa Francisco canonizó, el 16 de octubre, a José Gabriel del Rosario Brochero, conocido y venerado como El Cura Brochero.

Este santo, de pura cepa cordobesa, nació el 16 de mayo de 1840, en Villa Santa Rosa, a orillas del río Primero. Su canonización es un hermoso regalo para la Argentina y el reconocimiento de la ingente labor pastoral y de desarrollo humano que cumpliera el Cura Brochero en sus 74 años de vida.

Párroco de Villa del Tránsito, sierras de Córdoba, misionó también en la provincia de San Luis y en los llanos riojanos.

A lomo de su mula Malacara, llevó el auxilio espiritual a los paisanos de sierras y pampas, los catequizó, les administró los sacramentos, les inculcó la devoción a la Eucaristía y a la Virgen, a la que llamaba “La Purísima”.

Misionero sacrificado y de gran celo: “Me hice cura para robarle almas al diablo”, solía repetir. Cuanta novena había, no importa el paraje que fuere, ahí estaba el santo cura.

Para los retiros espirituales llevaba a los paisanos a Córdoba, domando las cumbres, a 2.300 metros de altitud. Cruzaba la Pampa de Achala siguiendo senderos y picadas abiertas por los comechingones, aborígenes de la zona. Brochero transformó esas sendas en camino, hoy llamado de las Altas Cumbres.

Fecunda fue su obra espiritual y loable su contribución al desarrollo material de la zona. Arremangado, junto a los paisanos, incluidas las mujeres, construyó caminos, abrió acequias, construyó casas, tendió puentes, fundó escuelas, levantó hospitales; hasta soñó -¡qué visión de futuro!- con traer el ferrocarril a Traslasierra.

El Cura Brochero, hombre de pico y pala, curtido por el sol, peregrino de las almas, hizo sonreír a tantos de sus coterráneos, que veían en su cura al guía espiritual y al adelantado del progreso. Cuando alguien le decía: “Padrecito, es demasiado trabajo para usted”, Brochero respondía: “Mi alegría es que los paisanos estén cada día mejor”.

La política y el sindicalismo son un verdadero sacerdocio; una permanente y generosa mano tendida al otro. Por naturaleza, políticos y sindicalistas deberían ser personas solidarias, seducidas por el bien común, soñadores de futuros mejores, forjadores de proyectos que beneficien a quienes les votaron o a sus afiliados, para que, como decía Brochero, cada día los ”paisanos” estén mejor.

Políticos y sindicalistas, hombres y mujeres con utopías y miradas escrutadoras de necesidades, pobrezas y abandonos. Ciudadanos que sepan plasmar en realidad las promesas y en obras, las mediaciones y diligencias.

Políticos y sindicalistas sin fronteras ni amiguismos; honestos hasta la médula y transparentes como un espejo. Compatriotas cuyo discurso sea la coherencia de vida y cuya convicción, el trabajo.

Nadie está obligado a optar por los dos posibles caminos arriba citados. Quien tome esa decisión es para felicitarle, siempre y cuando esté dispuesto a encanecer en el servicio y promover el bien a toda hora y a todo hombre.

Es más digno ser cultor de hermandad que guardián de fortunas. Es más noble que me recuerden por lo que hice que por lo que prometí o acumulé. Es mejor ser agente de diálogo y de paz que acopiador de poder, por años y más años.

Dios quiera que la figura del Cura Brochero, hombre con el corazón en Dios y las herramientas en las manos, seduzca a todos los ciudadanos y nos impulse a crear una patria de hermanos, donde la justicia sea patrimonio de todos; la verdad, riqueza a compartir; la corrupción, lacra superada, y el bien, camino cierto que consolida la democracia y lleva al progreso y a la santidad.
Todos estamos llamados a la Santidad….