LOS CONSEJOS DEL JARDINERO.

Un joven de hermosas ideas que solía buscar los consejos del jardinero fue a su cabaña en una noche fría y lluviosa.
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Como si hubiera estado esperando su visita, el jardinero le invitó a pasar nada más al abrir la puerta; le ayudó a quitarse el abrigo mojado y le invitó a sentarse frente al fuego del hogar.
Cuando se hubo calentado un poco las manos, el joven le dijo:
Buen amigo, siento una profunda desazón en mi pecho. Desde que dejé de ser niño y comencé a pensar como hombre he venido observando el mundo que me rodea y he encontrado buenas y hermosas cosas entre los hombres y en la naturaleza que me rodea, pero cada vez más he encontrado otras que desgarran mi alma y me entristecen.
He visto que en el mundo hay injusticia y desamor, he visto la desesperanza en los ojos de los pobres y los enfermos, he visto la garra de la avaricia hacer presa en el corazón de los hombres y las brumas del odio nublando la razón entre hermano y hermano.
Y cada vez que veo estas cosas mi corazón confundido llora, y grita mi alma a los cielos buscando la razón de tanta desdicha. Y pienso que me gustaría cambiar este mundo, que todos pudieran vivir en el gozo y la armonía pero… ¿Qué puede hacer un solo hombre ante tanta aflicción y desolación?
El joven calló, ocultando su cara entre las manos.
Tú puedes cambiar el mundo, le dijo el jardinero con una voz suave.
El joven levantó la cabeza y miró al hombre desde sus ojos cansados. ¿Cómo puede cambiar el mundo un solo hombre? preguntó.
Cambiándose a sí mismo, fue la respuesta del jardinero.
No entiendo. Si cambia un solo hombre, ¿cómo puede cambiar la humanidad?
Cada hombre es la humanidad entera, lanzando su reflejo a las ardientes profundidades del cosmos, dijo el jardinero mirando al fuego.
Cuando un hombre se sumerge en el océano de la luz, todos los hombres son alcanzados por la bondad de su fulgor.
Sigo sin entender, jardinero, dijo el joven con la inocencia de un niño.
No es necesario que entiendas. El pájaro no entiende los mecanismos del vuelo y, sin embargo, vuela. Está en su naturaleza volar, como está en la naturaleza del hombre alcanzar el amor.
El fuego crepitó con intensidad con la última palabra del jardinero y ambos guardaron silencio durante un momento, extasiados con la danza de las llamas en el hogar.
El joven miró al jardinero y, dudando, volvió a mirar las llamas. Giró su cabeza de nuevo hacia al hombre y por fin se decidió:
¿Y qué debo hacer para cambiarme?
No intentarlo, respondió el jardinero con una sonrisa.
Un gesto de asombro cruzó la cara del joven que abriendo la boca no atinaba a pronunciar palabra.
Si no lo intentas lo conseguirás, continuó el jardinero. Has de desear el cambio en ti, estar abierto a que la transformación tenga lugar en tu interior.
Pero si intentas provocarla comenzará una guerra en tu corazón que te dejará maltrecho y herido.
Simplemente abre tu corazón y deja que la transformación tenga lugar cuando la vida lo considere oportuno. Al pájaro nadie le explica cómo debe volar. Al pez nadie le explica cómo debe nadar. Sencillamente, un día se lanzan al viento y a la marea, y su propia naturaleza hace el resto.
Es el amor el que traerá la transformación en tu alma, y con ella vendrá la transformación del mundo.
Y ensimismado en sus pensamiento, el jardinero terminó diciendo en voz muy baja:
Cuando un hombre alcanza el AMOR, el universo entero se estremece en su gloria.

Desconozco autor.
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