El 21 de agosto, fiesta del Papa San Pío X, celebramos el día del catequista. Él impulsó la catequesis, recordemos que C.A.M. (Congreso Americano del Misionero) se va clausurar con ese envío a la gran misión continental, donde cada bautizado debe transformarse en un evangelizador, en un misionero, en un catequista, que lleve con su palabra y testimonio a Cristo vivo a las comunidades, a los barrios, a las familias, a cada persona. También en los medios de comunicación social, político, gremial, económico, social, cultural, necesitará de la fuerza de Dios, en el deporte, en los ambientes de la promoción humana, de la salud, de la educación, necesita de cada bautizado que se deje tomar, ungir, seducir por el Espíritu Santo, para transformarse en evangelizador.
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El Papa Pío X ejerció su pontificado entre los años 1903 y 1914. Toda su actividad como Papa estuvo marcada por la importancia que dio a la catequesis y a la pastoral. Promocionó la comunión frecuente y dispuso las formas de preparación para que los niños accedieran al sacramento, redactó un catecismo, se ocupó de la formación del clero y de promover el canto litúrgico. También incentivó la organización de los distintos movimientos y asociaciones de laicos que por aquellos años comenzaban a surgir en la Iglesia.

Con todas estas iniciativas se estaban dando los pasos iniciales para que la catequesis, sobre todo la de preparación a los sacramentos, llegara a tener un lugar destacado en la Iglesia del siglo XX y que fuera ejercida no sólo por los sacerdotes y las religiosas, sino también por laicos y laicas.

Cualquier cristiano puede ser catequista. Es verdad, pero para ser un buen catequista, son necesarias unas cualidades.

1. El catequista debe tener una espiritualidad profunda, fruto de su adhesión a Cristo y a la Iglesia. Para poder ser testigo, más con sus vidas que con sus palabras, de su unión con Jesucristo, con la Iglesia y con su comunidad, debe ser una persona que ora y alimenta su vida con la Palabra de Dios y con la participación de la Eucaristía.

2. El catequista debe ser una persona comprometida en su comunidad cristiana. Nadie es catequista por su cuenta y sólo. La catequesis debe ser comunitaria, por eso, el catequista debe conocer bien su comunidad, caminar con ella y estar bien atento a sus problemas, alegrías y esperanzas.

3. El catequista debe conocer la realidad que le rodea y tener una conciencia crítica ante los hechos que se van sucediendo. Debe llevar a la comunidad a la reflexión sobre su realidad, a la luz de la Palabra de Dios. Lucha contra su propio egoísmo, ayuda a la comunidad a liberarse del pecado y te lleva a celebrar su vida en la liturgia.

4. El catequista sabe que la Palabra de Dios, escrita en la Biblia, es la principal fuente de la catequesis, por eso debe conocerla bien para poder transmitir con fidelidad el mensaje, uniéndola siempre con la vida.

5. El catequista debe de ser un buen animador. Puede animar un grupo de catequesis sólo quien sabe dialogar y escuchar. Debe ser una animación que haga de la sesión de catequesis una experiencia de vida y alegría.

6. El catequista debe de tener unas cualidades humanas:
Ser una persona equilibrada, puesto que lo problemas no le han de faltar en la vida, pero lo importante es luchar para no dejar que se hundan a uno y buscar cómo resolverlos. Quien afronta con coraje la vida, será capaz de orientar a otros. Saber trabajar en equipo, pues no es siempre fácil trabajar con otros, pero en la catequesis es algo imprescindible. En equipo se crece como persona, se adquieren valores humanos importantes como el respeto al otro y se aprende de los aportes de los demás.

Ser una persona responsable y perseverante, ya que siendo aún un excelente catequista, cualquiera puede acabar con todo un trabajo de catequesis y desintegrar un grupo si faltara sin motivos serios a las sesiones y a la preparación de los temas, o no llegara a la hora señalada. La responsabilidad y la puntualidad son esenciales.

Amar a los catequizadnos; para amarlos más y mejor es importante conocerlos. Y para conocerlos se necesita tener unas nociones de psicología, pedagogía y técnicas de grupo. Sentir dentro de sí la vocación de catequista, pues sin esa vocación, es decir, sin sentí r que Dios, a través de la comunidad, le llama a servir por medio de esta tarea, tarde o temprano se desanimara ante las exigencias de la catequesis y la abandonara.

7. El catequista debe estar formándose continuamente. Las personas cambian, lo mismo que las circunstancias y los tiempos. Nunca un catequista puede decir que está suficientemente preparado. Como todos los cristianos, el catequista necesita una formación constante. http://www.tubreveespacio.com/

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