Llovía copiosamente, y un hombre observaba desde su casa de dos pisos la tremenda lluvia. Ya la inundación corría por el vecindario y entraba agua al primer piso de la casa. De pronto paso un helicóptero que le gritó: “¡Oye, súbase al helicóptero!”
“No,” contestó nuestro hombre, “yo confío en Dios que nada más suceda.”
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Cuando el primer piso se anegó, nuestro hombre subió al segundo piso, y volvió a pasar el helicóptero:

“¡Oye, súbase… lo llevamos!”
Nuestro hombre volvió a repetir: “Confío en Dios que nada suceda.”

Cuando el agua anegó el segundo piso, el hombre se subió al techo, y se repite la historia del helicóptero por tercera vez.

Cuando nuestro hombre llegó a la presencia del Señor le dijo: “Señor yo confié en ti en la inundación para que me rescataras.”

El Señor le contestó: “hijo… te envié el helicóptero tres veces y no te subiste.”

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