Se cumple hoy 3 de agosto otro aniversario del nacimiento de Celedonio Esteban Flores, “el negro Cele”, en el barrio porteño de Villa Crespo, donde convivían criollos e inmigrantes, autor de letras de tangos sentenciosas, que contienen perfectas descripciones de personajes que conoció de primera mano en un lenguaje lunfardo característico.
Celedonio Flores, “el poeta del arrabal” fue un exponente destacado de la cultura popular de las primeras décadas del siglo XX, pero fue al mismo tiempo un poeta culto.
El negro Cele no renunció nunca a la vida bohemia; de joven supo calzarse los guantes de boxeador. Su época más creativa se extiende hasta los años 30, pero la vigencia de su obra se mantuvo mucho después.

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Gardel grabó 21 temas de Celedonio, entre ellos uno de los mayores éxitos de toda su trayectoria: “Mano a mano”, tango en el que un varón salda cuentas con la mujer que amó y le ofrece su desinteresada ayuda para cuando ella sea “descolado mueble viejo”.

Entre los otros tangos que grabó sobresalen “El bulín de la calle Ayacucho”, “Malevito”, “Viejo smoking”, “Mala entraña”, “Canchero” y “Pan”. Este último contiene una descarnada crítica social, frente a la miseria que siguió a la crisis de 1930.

Gardel se abstuvo por modestia de grabar uno de los mayores sucesos de Flores, “Corrientes y Esmeralda”, referencia a una famosa esquina de Buenos Aires, porque la letra aludía a mujeres que soñaban con su pinta. (“Cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel”).

Cuando murió, el 28 de julio de 1947, llevaba ya cuatro años la imposición de una férrea censura gubernamental sobre las letras de tango, de las que se suprimía todo término lunfardo y cualquier referencia social o moral que no condijera con el integrismo que se buscaba imponer.

Este ataque a la expresión popular había comenzado con el golpe militar filofascista del 4 de junio de 1943. La terrible deformación de que fueron objeto sus letras amargó los últimos años de Celedonio. La censura fue desapareciendo después, pero él no vivió para verlo.

Mano a mano
Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
Ios morlacos del otario los jugás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás…
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás de las paradas con cafishos milongueros
y que digan los muchachos: Es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Celedonio Flores

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