Una famosa leyenda guaraní relata que un día, mientras paseaban por la orilla del río Paraná, Morotí (la hija de un cacique) arrojó su brazalete para que Pitá (el guerrero más valiente de la tribu) lo rescatara. Ambos se amaban con devoción.

Pronto se lanzó al agua el indio enamorado, pero no volvió a surgir de ella.

Impulsada por el hechicero de la tribu, Morotí se sumergió también, buscando entre las aguas el cuerpo de su amado.

Pasaron las horas y ninguno de los dos volvió a la vida. Pero al amanecer vieron los indios flotar sobre aquellas aguas una flor extraña en la que el hechicero reconoció a la bella Morotí en los pétalos blancos, y al intrépido Pitá, en los pétalos rojos. Eran las almas de los amantes, encarnadas en la flor del irupé.

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El irupé (Victoria cruziana), una de las plantas acuáticas más grandes del mundo y de extraordinaria belleza, cargada de mitos, creencias y leyendas, reapareció este verano para regocijo de turistas y amantes de la naturaleza en una apacible isla del río Paraná, frente a la costa de Granadero Baigorria.

El irupé, que en lengua guaraní significa “plato de agua”, aludiendo así a las formas de sus hojas, a diferencia de otras zonas de climas tropicales donde se la puede ver durante todo el año, en esta región del Paraná, sólo se la puede apreciar entre diciembre y mayo.Los primeros pimpollos del irupé aparecerán en febrero.
El irupé ha elegido para su crecimiento una isla fiscal de Santa Fe, “lo que convierte a este hecho en una maravilla natural que crece en un lugar público y de todos los santafesinos, pero que lamentablemente no cuenta con un plan de manejo que pueda garantizar su sustentabilidad en el tiempo”, advirtió. “Que esta renovada maravilla natural que aparece en esta isla que nos pertenece a todos ayude a despertar conciencias para evitar que emprendimientos comerciales, turísticos o ganaderos, pongan en peligro la sustentabilidad de estos humedales prístinos”, señalan los ecologistas. Según indicaron, “además de ser el ambiente que han elegido para crecer, son lugar de cría y estación de muchas especies de animales migratorias como el sábalo o el águila pescadora, y de especies que sufren diferentes grados de amenazas, como el lobito de río o el carpincho”.

Leo señaló además que el irupé es una planta acuática endémica muy presente en la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay.

El ecologista agregó que la flor del irupé, de unos 40 centímetros de diámetro, y dulce fragancia “permanece abierta durante el día. Al retirarse la luz, se cierra y se sumerge en el agua hasta el amanecer”.

“Es un hermoso espectáculo, y en mayo la gente que visita estos lugares donde crecen, ya sea en kayacs, lanchas o canoas, recoge las semillas de irupé que flotan como arvejas en el río, para embellecer estanques o espejos de agua en sus propiedades”, detalló. El fruto del irupé es comestible y los indios guaraníes lo bautizaron maíz de agua.
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