En cierta ocasión, Ludwing Van Beethoven fue invitado a una reunión
en donde se encontraban varios chiquillos de diferentes edades, los
cuales retozaban sin parar; le llamó mucho la atención una hermosa niña de
nombre Elisa quien, al ser informada de quién era el maestro, se le
acercó y comentó que también ella era artista, pues ya tocaba algunas
piezas al piano, lo cual cayó muy en gracia a Beethoven quien, antes de
retirarse, le pidió le tocase algo al piano.
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La niña con toda alegría interpretó obras de varios compositores,
pero cuando Beethoven le solicitó que tocase alguna de sus sonatas, ella
con toda pena explicó que le gustaban mucho, pero que eran muy
difíciles, por lo que el maestro le prometió que haría una pieza mucho más
sencilla, para que fuese tocada por ella al piano.

Ése fue el motivo por el que compuso una de las obras más conocidas y
gustadas por los jóvenes pianistas de todo el mundo, la que tituló
“Para Elisa” y a la que agregó el subtítulo “Recuerdos del 27 de abril de
1808”.

“Para Elisa” no es mencionada en los catálogos de composiciones
beethovenianas, ni tampoco en el catálogo de Lenz, que es muy meticuloso,
pero aseguran sus estudiosos que no hay dudas con respecto a la
autenticidad de esa hermosa página musical que el gran maestro de Bonn
concibiera en una fiesta para niños.

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