El verdadero hombre es aquel que concentra su capacidad en una sola meta: ser padre y ser compañero de la esposa, amar, respetar y ser fiel a su familia, proveer económicamente, pero también ser un apoyo para los hijos. El padre que se involucra más activamente con los hijos no está tomando el papel de la madre.

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Desgraciadamente, nuestra cultura hispana piensa que el papel del macho es sólo traer dinero, imponer su voluntad de forma áspera y grosera y además ser un infiel. El complejo de inferioridad en el macho lo hace pensar que entre más se emborrache, grite o imponga su autoridad, será más respetado. Pero la verdad es que va a ser odiado por sus hijos y aborrecido.

Hoy en día encontramos una generación de millones de muchachos que odian y aborrecen a su padre porque no obtuvieron de él el afecto y cariño que necesitaban. La verdad es que detrás de ese macho hay un cobarde, un hombre acomplejado, lleno de temores e inseguridades.

El hombre, como padre, provee un modelo único el cual puede enriquecer tanto a su hijo como a él mismo. Dios lo diseñó de tal manera que pudiera suplir lo que una madre no puede. Que un padre tome su papel en el hogar debiera ser lo normal, pues es lo que toda consciencia y la razón humana aprueban y aplauden; los antropólogos, sociólogos, psicólogos y la Palabra Santa y verdadera de Dios coinciden en que el papel del padre provee algo que la madre no puede.

Esa seguridad y liderazgo en proveer económicamente para el hogar, guiar a los hijos en los valores morales y espirituales, promover respeto, cariño y amor en el hogar, sólo el padre puede hacerlo. No cabe duda que su papel es único. Quiero tomar las palabras del Dr. Dobson, el cual dice lo siguiente:
“Las naciones pobladas en su mayoría por hombres inmaduros, inmorales, sin fuerza de voluntad, cobardes y demasiado indulgentes consigo mismos, no durarán mucho. Esta clase de hombres incluyen a aquellos que engendran y abandonan a sus hijos, engañan a sus esposas, mienten, roban y codician, odian a sus conciudadanos y no siguen a otro dios que no sea el dinero o sus propios vicios. Esta es la dirección hacia la cual la cultura está llevando a los muchachos de hoy.”
Lo que los padres irresponsables siembran, lo están cosechando en que sus hijos imitan su mal ejemplo. Debemos hacer la inversión necesaria para contrarrestar esas influencias e inculcarles valores y cualidades duraderas de carácter, autodisciplina, respeto a la autoridad, ética, compromiso con Dios y un inconmovible amor por Jesucristo.

Dr. Sergio H. Canavati Ayub

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