Entre los quince y los treinta y cinco
uno se piensa que es inmortal,
que anda la parca dando servicio
entre la gente de más edad.

Uno rechaza todas las reglas,
las viejas normas de urbanidad,
“…que se las metan donde les quepan
los que las mandan a respetar…”.
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Que no hace falta guardar el grano,
en todo caso Dios proveerá…
Es preferible ser un fulano
que un buen patrón de formalidad.
Es preferible ser un fulano
que un buen patrón de formalidad.

Parece broma, pero va en serio,
de tantos cándidos inmortales
están poblados los cementerios
y saturados los hospitales.

Es necesario pobrar de todo
porque el saber no ocupa lugar.
Si es peligroso, de cualquier modo,
por una vez nada pasará.

A uno le sobran las energías,
los ideales y el corazón,
y es paladín de las utopías…
un Don Quijote de la razón.

Cada momento es un desafío,
¡quién puede menos y quién da más!.
Grande o pequeño, caliente o frío;
de donde venga y adonde va.
Grande o pequeño, caliente o frío;
de donde venga y adonde va.

Parece broma, pero va en serio,
de tantos cándidos inmortales
están poblados los cementerios
y saturados los hospitales.

Cuando uno pasa los treinta y cinco
es una torpe temeridad
andar en moto haciendo el indio
a toda leche por la ciudad.

Uno se vuelve más precavido,
más aferrado a la sensatez.
Ya no resulta tan divertido
dar cabezazos en la pared.

Uno se pone el paracaidas
y le echa llaves al corazón.
Y abre la puerta de bienvenida
a los chantajes de la razón.
Y abre la puerta de bienvenida
a los chantajes de la razón.

Parece broma, pero va en serio,
de tantos cándidos inmortales
están poblados los cementerios
y saturados los hospitales.

Y cuando llegan los muchos cincos
y anda la parca por la vecindad,
uno quisiera pegar un brinco
para volver a ser inmortal.

Recuperar aquella frescura
tan parecida a la libertad
de echar abajo las estructuras
para volverlas a levantar.

Pero la vida… ¡cómo es la vida!
siempre nos vuelve a la realidad.
Siga la flecha hacia la salida
que está prohibido volver atrás.
Siga la flecha hacia la salida
que está prohibido volver atrás.

Parece broma, pero va en serio,
de tantos cándidos inmortales
están poblados los cementerios
y saturados los hospitales.
Letra: Alberto Cortez
Música: Alberto Cortez

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