El 13 de abril se cumple el primer aniversario del fallecimiento del escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de numerosos libros referidos al fútbol.

Es por ello que el EDC (Encuentro de Departamentos de Cultura de Clubes de Fútbol afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino), organizará un homenaje coral y literario en su memoria.

El acto se llevará a cabo el miércoles a las 18 hs en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña de la Ciudad Autónoma de la Buenos Aires y contará con la presencia de autoridades relacionados con el deporte y la escritura.

El Departamento de Cultura del Club Atlético Los Andes, como miembro del EDC de AFA, te invita a participar. La entrada es libre y gratuita. Los esperamos.
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Como buen detective salvaje, Eduardo Galeano (Montevideo 1940-2015) nunca bajó la guardia. Rastreador infatigable de esas historias contadas desde la mirada de los vencidos, el escritor uruguayo siguió armando su original corpus literario hasta el final de sus días. La editorial Siglo XXI ha rescatado ahora esos últimos impulsos narrativos de Galeano en El cazador de historias, un libro póstumo que sale a la luz cuando se cumple el primer aniversario de la muerte del autor de Las venas abiertas de América Latina.  Galeano comenzó a trabajar en el libro en 2012 y dos años más tarde lo tenía ya terminado pero su publicación se aplazó entonces debido a la enfermedad del autor, fallecido el 13 de abril del año pasado tras sufrir un cáncer de pulmón.

“Aunque él nunca nos lo dijo abiertamente, tenía la intención de dejar a sus lectores un testimonio de aquellas cosas que eran significativas para él. En el libro vemos a un Galeano menos conocido por sus lectores, con un tono general de despedida cuando habla sobre él, algo que no acostumbraba a hacer”, explica a EL MUNDO Carlos Díaz, editor de Siglo XXI en Argentina y artífice de la publicación del libro. En El cazador de historias (que sale a la venta el 4 de abril en América Latina y el día 13 en España), Galeano sigue fiel a sí mismo y retrata con su pluma artesanal pasajes y personajes poco o nada conocidos de la Historia.

La obra póstuma del escritor uruguayo es un compendio de microrrelatos cargados de denuncia social y fina ironía. Como ocurría en su celebrada trilogía “Memoria del fuego”, la fábula precolombina cohabita con la crudeza de una dictadura contemporánea. De la ofrenda divina del volcán Tumupa, en el altiplano de los Andes, el cazador nos traslada en pocas páginas a la historia de La Peligrosa: “En noviembre de 1976, la dictadura militar argentina acribilló la casa de Clara Anahí Mariani y asesinó a sus padres. De ella nunca más se supo, aunque desde entonces figura en la Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires, en la sección reservada a los ‘delincuentes subversivos’. Su ficha dice: ‘Extremista’. Ella tenía tres meses de edad cuando fue catalogada así”. El Galeano más lírico también está presente en el libro, como se observa en Huellas, el pasaje que abre el libro: “El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor que no se ven, pero no se borran”. Y no falta el Galeano irreverente cuando relata (en “Sordos”) otro de esos malentendidos entre los conquistadores españoles y los pueblos originarios de América. Según el relato de fray Toribio de Bartolomé -nos cuenta el cazador Galeano-, los nativos de la actual península de Yucatán habían respondido con un enigmático “tectetán, tectetán” cuando los españoles se preguntaron en voz alta dónde diablos estaban. Los “sordos” conquistadores entendieron “yucatán, yucatán”. “Pero en su lengua -se mofa Galeano- los nativos habían dicho: ‘no te entiendo, no te entiendo'”. Díaz, que estuvo con Galeano días antes de su muerte, recuerda ese trabajo de artesano que al escritor uruguayo le gustaba realizar en cada libro: “Eduardo tenía en la mente el orden de los textos, las ilustraciones, todo. Hay una lógica temática que a él le gustaba seguir y siempre releía y revisaba sus escritos. Era un autor muy atípico a la hora de trabajar, compartía con el editor la cocina del trabajo. Me invitó a ir a su casa para trabajar en el libro”.Además de los textos que ya había seleccionado para El cazador de historias, Galeano empezó una nueva obra de la que dejó escritas varias historias. “Le gustaba la idea de llamar a la obra ‘Garabatos’, asegura Díaz, que decidió incluir algunos de esos textos en el libro póstumo.Esos “garabatos” muestran al Galeano más íntimo, el hombre al que la hija de unos amigos le enmienda la plana en la costa catalana por escribir libros, cuando ella prefiere mil veces las canciones, “porque los libros están quietos y las canciones vuelan”. Y nos ofrece también alguna anécdota sabrosa. Su libro fetiche Las venas abiertas de América Latina, biblia indiscutible de la izquierda en la región, contó sin embargo con el rechazo inicial más inesperado: el de la Revolución Cubana. Cuenta Galeano que en 1970 presentó el manuscrito al premio Casa de las Américas, que se fallaba en Cuba. Y perdió: “Según el jurado, ese libro era poco serio. En el 70, la izquierda identificaba todavía la seriedad con el aburrimiento”. Galeano publicaría la obra un año después, a los 31 años. Fue en sus inicios un libro de lectores “clandestinos”. A los espadones golpistas del Cono Sur les hizo menos gracia todavía que a los ortodoxos burócratas de La Habana.”Este puñado de textos parecían ser una huella de lo que imaginaba o pensaba sobre la muerte”, sostiene Díaz. “Son tan bellos e impactantes que quisimos incluirlos”. En sus “garabatos”, Galeano no pierde el sentido del humor ni al hablar de sí mismo. En Autobiografía completísima dedica apenas 15 líneas para describirse a su manera: “Desde que era muy pequeño, tuve gran facilidad para cometer errores”. Y en “Brevísimas señas del autor” nos explica en cuatro palabras por qué nunca dejó de ser un cazador de historias: “Escribir cansa, pero consuela”.

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