El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia recuerda del golpe de Estado de 1976. En la madrugada de ese trágico día, las Fuerzas Armadas derrocaron a la entonces presidenta en ejercicio Isabel Perón, aplicaron un programa de ajuste económico y pusieron en marcha un sistemático plan de represión ilegal que provocó la desaparición de 30.000 personas y el exilio forzado de miles de compatriotas.

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El 24 de marzo de cada año recordamos el comienzo de la dictadura cívico-militar más siniestra que gobernó nuestro país entre 1976 y 1983 . El golpe de estado del 24 de marzo de 1976, derrocó a un gobierno legítimo y constitucional, e instaló en su lugar a una junta militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas: Jorge R. Videla (Ejército), Emilio E. Massera (Armada) y Orlando R. Agosti (Fuerza Aérea), la Junta Militar llevó a cabo un plan sistemático de genocidio desde el Estado, dicho Estado, devenido en terrorista, coordina con las demás dictaduras militares instaladas en los países Latinoamericanos mediante el llamado Plan Cóndor, un plan continental de represión hacia los sectores populares, y de destrucción de los aparatos económicos de los diferentes países.

En la Argentina la dictadura cívico-militar contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados, e influyentes grupos del poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad internacional.

El gobierno dictatorial secuestró, torturó y ejecutó clandestinamente a miles de personas, y estableció centros clandestinos de detención. Las personas secuestradas ilegalmente por el estado dictatorial, fueron torturados, asesinados y enterrados en fosas comunes o arrojados al mar desde aviones militares.

La política económica de la dictadura quedó a cargo de los sectores civiles que promovieron el golpe de estado, es decir a grupos económicos pertenecientes al capital financiero y la oligarquía nacional. Bajo el liderazgo del empresario y estanciero José Alfredo Martínez de Hoz, se puso en práctica una serie de reformas económicas, siguiendo las nuevas doctrinas neoliberales de la Escuela de Chicago, que tendieron a desmontar el aparato productivo, desindustrializar , concentrar la economía argentina y a fomentar el sector financiero y el campo.

La dictadura se caracterizó por aumentar la pobreza, que alcanzó a un tercio de la población, cuando en las décadas anteriores la misma no había superado el 10%.

“Durante el régimen militar no solo se trato de disciplinar con el objetivo de conseguir la obediencia para la imposición del plan de entrega y destrucción económica Además se trato de eliminar todo tipo de oposición, secuestrando, torturando y haciendo “desaparecer” personas e ideas, es decir todo aquello que sostuviera idearios diferentes a lo que se intentaba por la fuerza instituir. Así fue como la dictadura utilizó el aparato del Estado para actuar sobre dos planos: los sujetos considerados políticamente “peligrosos” y sobre el plano cultural/educativo para lograr el disciplinamiento de todo el cuerpo social. La represión de dicho estado terrorista no fue una acción circunstancial, ni espasmódica, sino que se conformó como un plan sistemático y metódico de exterminio, que obraba en sus acciones como generador de miedo ante la posibilidad de convertir a cada uno en la posible próxima víctima. Dicho plan de exterminio que se practicaba desde lo oculto produjo dos tipos de desaparecidos, por muerte y por exilio, externo e interno. No solo sobre los cuerpos de los sujetos portadores actuó la maquinaria destructora, también llevó adelante su plan de desaparición sobre los universos simbólicos que consideraba negativos, sobre los saberes y los discursos que pretendía erradicar antes de que pudieran hacerse realidad. De allí que la educación y la cultura fueran reprimidas y controladas especialmente. Muchos artistas, escritores y docentes engrosan las listas de desaparecidos durante la dictadura”[1]

En 1982 el gobierno militar emprendió la Guerra de Malvinas contra el Reino Unido. El plan planificado por el régimen militar para “autolegitimarse” se convierte en un bumerang y acelera su descomposición. La derrota en Malvinas y la fuerte resistencia de los sectores populares obliga al gobierno militar a llamar a elecciones para el 30 de octubre de 1983, en las que triunfó el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín.

A modo de cierre podemos decir que la dictadura militar representa un hiato histórico y se inscribe en la memoria colectiva como una ruptura con lo anterior. A la luz de nuestro presente resultó un intento inútil de suspender la historia, de aniquilar ideas y creencias, de clausurar el proyecto transformador de un pueblo y de una generación de jóvenes que se animaron a soñar con un país para todos.

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