En la formación del Estado argentino hubo hechos históricos considerados como los grandes hitos que decididamente forjaron nuestra integridad y soberanía, legándonos la definitiva identidad como Nación. Como por ejemplo: la Revolución de Mayo, la Asamblea del año XIII, la Declaración de la Independencia, la constitución de un gobierno propio, la expulsión de los invasores ingleses, y muchos otros que jalonaron el deseo impostergable de ser un pueblo independiente de la Corona española y de cualquier otra potencia extranjera, en la etapa fundante de la Nación.
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Pero un hecho marcó para siempre el inicio de la etapa libertaria con mayúsculas, ya que consolidó la revolución y fue corriendo los límites hacia el norte de quienes ejercían un implacable dominio sobre estas tierras producto de la conquista. Ese hecho fue el “Combate de San Lorenzo”, donde el entonces Coronel don José de San Martín enfrentó por primera vez, con un ejército regular recién formado, a las tropas españolas que subían río arriba el caudaloso Paraná en busca de provisiones y de asegurarse el control del trafico fluvial hacia el interior del territorio nacional. El combate fue rápido pero feroz. Varias bajas y heridos por ambos lados fue el resultado de la batalla; la jornada fue triunfal en el único hecho militar que comandó el Santo de la Espada en suelo patrio y que marcó para siempre la gran historia latinoamericana.

Si bien los españoles jamás pudieron remontar luego el río que los comunicaba con Asunción y el Alto Perú, con posterioridad otros países se atrevieron a surcar las aguas del Paraná. Pero tanto en la “Vuelta de Obligado”, como en San Lorenzo nuevamente y en “Punta Quebracho”, donde la flota de la alianza Anglofrancesa -muy superior en armas- pretendía condicionar desde un comienzo nuestra independencia, sufrieron la misma suerte, años mas tarde.

San Martín había arribado en el año 1811 desde España sirviendo al ejército de la corona como oficial contra las tropas napoleónicas, y en Buenos Aires no todos estaban seguros de su lealtad hacia la nueva Argentina. Pero los hechos no sólo demostraron su fidelidad y entrega, sino que luego pasó a ser el héroe máximo de nuestra patria, defendiendo su autonomía estratégica, y conduciendo eficazmente también la liberación de Chile y del Perú.

Además, su “Regimiento de Granaderos a Caballos” luego del triunfo en San Lorenzo comenzó a tener mayor prestigio, mejor preparación, nuevos recursos y, sobre todo, el ánimo y la moral capaces de formar hombres valientes que posteriormente sirvieron para armar los Ejércitos del “Norte” y de los “Andes”, que sostuvieron a punta de espada, cañón y coraje el nacimiento de una nueva Nación en el concierto de los pueblos libres.

Este único triunfo en tierra propia consolidó el proceso revolucionario, superó las dudas del Primer y Segundo Triunvirato, fortaleció a los demás hombres decididos por la liberación como Belgrano y Moreno y permitió establecer los límites definitivos de nuestra Nación en su aspecto fluvial. De allí la trascendencia de un merecido homenaje a este 3 de febrero de 2013, al cumplirse un nuevo aniversario del glorioso combate, que todos debemos dar.

Muchos historiadores sostienen que San Lorenzo fue el inicio del proceso de liberación de la América del Sur, que se completara luego con la obra de Simón Bolívar. De modo que la importancia estratégica de esta batalla nos hace recordar hoy el “Bicentenario” de ese bautismo de fuego, con verdadero orgullo a quienes entregaron sus vidas aquel 3 de febrero de 1813, y nos invita a renovar y plantearnos nuevamente los mismos objetivos de grandeza y libertad que se propusieron esos valientes granaderos, curas y civiles que iniciaron el camino hace doscientos años para ya nunca mas ser un pueblo sometido. Honor y Gloria a esos valientes granaderos, a la memoria del Gral. San Martín y al querido pueblo de San Lorenzo.

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