Gurdjieff solía decirles a sus discípulos:
«Cuando murió mi padre, yo tenía solo nueve años.
Me llamó para que me acercara a su lecho de muerte y me susurró al oído.»
Debió haber amado inmensamente a este niño.
Debió haber visto el potencial del chico.
Le susurró al oído:
«No tengo nada que darte más que un pequeño consejo,
y no sé si serás capaz de comprenderlo ahora mismo o no.

 photo TUBE100116_zpsut2vwl4o.png
¡Pero recuérdalo!
Puede que algún día seas lo suficientemente capaz, lo suficientemente maduro para comprenderlo.
Simplemente recuérdalo.
Y es un consejo sencillo:
si quieres hacer algo malo, postérgalo durante veinticuatro horas,
y si quieres hacer algo bueno, no lo pospongas nunca ni un solo momento.
Si quieres estar enfadado, violento, agresivo, postérgalo durante veinticuatro horas.
Si quieres ser amoroso, compartir, no lo pospongas ni un solo momento,
¡Vívelo ahora mismo, inmediatamente!»
Y Gurdjieff solía decirles a sus discípulos:
«Ese simple consejo transformó toda mi vida.»

Osho

 photo BARRITA_zpsxvjw3buc.png