Si cada día tu fuerza vital se emplea simplemente en dar una taza de té a los enfermos,
entonces deja que esa fuerza vital sea empleada en su forma más alta:
con la gran disponibilidad de ir hacia el paciente con una sonrisa cálida,
y de entregar el té con amabilidad y buena voluntad,
y deseando la curación de la persona.
De tal manera,
un repartidor de té puede convertirse en un instrumento radiante
de curación y de elevación.
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Una persona,
incluso una que limpia los suelos y vacía las bacinicas,
poseyendo este conocimiento,
puede entrar en una habitación y convertirse en el más importante
– quizás el único –
distribuidor del bien , entre seis personas que están repartiendo bacinicas.
Tal persona puede ir dejando tras de sí un legado de aumento de fuerza en cada paciente.
Una persona que se de cuenta que desde sus ojos se irradia una potente fuerza vital
hacia aquellos a quienes les dirige la vista,
puede saber que su mirada ,
esa mirada penetrante o esa contemplación sonriente,
ha beneficiado al que la recibe.

 

Extraído de la web

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