Nació en un lugar tranquilo, sencillo, sin bullicio ni ostentoso. Entre hermanos sencillos, gente alegre y trabajadora. Nació junto a la naturaleza, con el hermano burro y las hermanas ovejas (como diría San Francisco). Y viendo todo esto pienso:
Esta Navidad, quiero que Jesús nazca en mi corazón de nuevo, pero para eso,necesito, igual que los pastores, darle un corazón sencillo, humilde y alegre.

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Necesito también callar un poco todo el bullicio del mundo por unos días. Todo ese ruido que la tele, la radio, la prensa, las vallas,  internet constantemente sacan
al aire y me hablan de todo lo que no es importante. Te crean necesidades, y que conste, estoy hablando con conocimiento de causa porque ésa es mi profesión.
Tenemos una gran oportunidad esta Navidad. Podemos hacerla inolvidable, podemos celebrarla cristianamente, darle el sentido que tiene y hacer que muchos,
a través de nuestro proceder, se encuentren con Jesús para que de esta manera, Él  renazca en cada uno de nuestros corazones.
La Navidad es un regalo, por lo tanto, es gratis. No cuesta nada.
Propongámonos hacer algunas cosas pequeñas para Jesús, chiquitas, siempre creo que las grandes las hace Dios. A nosotros, nos corresponden las más sencillas, aquí
te dejo algunas ideas, como por ejemplo:

Estar alegres y escuchar a los demás, visitar a algún familiar enfermo o que esté anciano, hacerle una llamada a un(a) amigo(a), llevar una golosina  al trabajo, darle un beso a tu esposo(a), abrazar a tus hijos y leerles algo sobre el nacimiento de Jesús, hacer la corona de adviento en tu
hogar e ir encendiéndola cada domingo hasta llegar a Nochebuena, preparar una comida bonita y llevarla a algún vecino…son tantas las cosas que puedes hacer y a medida que las haces, las ofreces a Jesús, así tu corazón se va preparando y se va limpiando.
Les comparto una parte de esta homilía, que tocó mi corazón:
En el establo de Belén el cielo y la tierra se tocan. El cielo vino a la tierra. Por eso, de allí se difunde una luz para todos los tiempos; por eso, de allí brota la alegría y
nace el canto. Al final de nuestra meditación navideña quisiera citar una palabra extraordinaria de san Agustín. Interpretando la invocación de la oración del Señor:
“Padre nuestro que estás en los cielos”, él se pregunta: ¿qué es esto del cielo? Y ¿dónde está el cielo? Sigue una respuesta sorprendente: Que estás en los cielos
significa: en los santos y en los justos. «En verdad, Dios no se encierra en lugar alguno. Los cielos son ciertamente los cuerpos más excelentes del mundo, pero, no obstante, son cuerpos, y no pueden ellos existir sino en algún espacio. Por otra parte, no está escrito que Dios está cerca de los hombres elevados, o sea de aquellos que habitan en los montes, sino que fue escrito en el Salmo: “El Señor
está cerca de los que tienen el corazón atribulado” (Sal 34 [33], 19), y la
tribulación propiamente pertenece a la humildad. Mas así como el pecador fue
llamado “tierra”, así, por el contrario, el justo puede llamarse “cielo”» (Serm. in monte II 5,17). El cielo no pertenece a la geografía del espacio, sino a la geografía
del corazón. Y el corazón de Dios, en la Noche santa, ha descendido hasta un establo: la humildad de Dios es el cielo. Y si salimos al encuentro de esta humildad,
entonces tocamos el cielo. Entonces, se renueva también la tierra. Con la humildad de los pastores, pongámonos en camino, en esta Noche santa, hacia el Niño en el
establo. Toquemos la humildad de Dios, el corazón de Dios. Entonces su alegría nos alcanzará y hará más luminoso el mundo. Amén.
(Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Solemnidad de la Natividad del Señor,2007)

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