No escuchamos.
Hay demasiado ruido a nuestro alrededor,
demasiado parloteo en nuestro interior,
demasiadas dudas, exigencias, urgencias e impulsos.

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Hay tantas cosas y nunca escuchamos ninguna de ellas completamente, totalmente y hasta el final.
Si fuera tan amable de escuchar así, vería que, sin intervención suya,
la mutación, el vacío, la transformación, la percepción de lo real
se manifiesta.
No tiene que hacer nada porque lo que haga interferirá,
porque es codicioso, envidioso y porque está lleno de odio, ambición,
y de todo lo que puede fabricar su mente.
Si puede escuchar con alegría, vitalidad, sin esfuerzo,
quizás entonces en el sereno y profundo silencio,
conozca lo que es la verdad;
y solo esa verdad libera, nada más.
Por eso, uno debe mantenerse completamente solo e independiente en esto. No puede escuchar a través de otro;
no puede ver con los ojos de otro;
no puede pensar con los pensamientos de otro.
Sin embargo, sigue escuchando a través de otros,
mirando a través de las actividades, los santos, y los dictados de otros.
Así, si descarta todas estas cosas secundarias,
esas actividades de otros,
y es sencillo, tranquilo, y escuchar,
entonces lo verá.

J. Krishnamurti, Bombay, 1 de marzo de 1964

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