La Conferencia Interamericana de Educación, integrada por educadores de toda América, se reunió en 1943, a 55 años del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento y estableció el 11 de septiembre como Día del Maestro en todo el continente americano.

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El 11 de septiembre de 1888 moría en Paraguay Domingo Faustino Sarmiento. En su honor, en esta fecha se conmemora el día del maestro. Para recordarlo hemos elegido un fragmento del libro Manual de zonceras argentinas, de Arturo Jauretche, donde reflexiona sobre su condición de alumno modelo y su asistencia perfecta a la escuela.

El niño que no faltó nunca a la escuela
Autor: Zoncera N° 17 del libro Manual de zonceras argentinas de Arturo Jauretche.

La imagen del niñito Domingo Faustino Sarmiento que usted lleva metida adentro, es la de una especie de Pulgarcito con cara de hombre, calzado con grandes botas y cubierto con un enorme paraguas, marchando cargado de libros bajo una lluvia torrencial. (Los niños sanjuaninos son los únicos a quienes esta imagen no impresiona, pues saben que jamás llueve en San Juan durante “el período lectivo” como dice la prestigiosa “docente” doña Italia Migliavacca. Más bien a San Juan le da por los temblores y los terremotos).

¿A quién no le han machacado en la edad escolar cuando uno prefería quedarse en la cocina junto a las tortas y al maíz frito en los días lluviosos, conque Sarmiento nunca faltó a clase así lloviera, nevara o se desataran huracanes?

Lo dice el mismo niño modelo en Recuerdos de Provincia: “Desde 1816, fecha en que ingresé en la escuela de primeras letras, la Escuela de la Patria, a la edad de cinco años, asistí a ella durante nueve regularmente, sin una falta”.

Esta es una de las virtudes del niño modelo que más ha torturado a la infancia argentina hasta la aparición de la nueva ola de niños malos (“revisionistas”). “¡Nueve años sin una falta a la escuela de primeras letras!”, comentan estos malvados. Y agregan ante el contrito magisterio: “¡Flor de burro el tal niño modelo para pasarse nueve años aprendiendo las primeras letras! ¡Y después lo critican a uno si repite el grado!”.

Conviene poner las cosas en su lugar.

El mismo niño modelo nos dice que en 1821, a los seis años de su ingreso en la escuela de primeras letras fue llevado al Seminario de Loreto de Córdoba, con lo que los nueve años de asistencia perfecta que nos cuenta quedarían reducidos a seis.

¿Volvió el niñito modelo a la escuela primaria por tres años después del rechazo en el Seminario?

Es indiscutible que una asistencia escolar perfecta de seis años a la escuela de primeras letras es una dosis excesiva hasta para un niñito un poco tarado. Mucho más si se trata de nueve. Y Sarmiento era un niño precoz. También lo dice en Recuerdos de Provincia cuando relata que ingresó a la escuela a los cinco años “sabiendo leer de corrido, en voz alta, con las entonaciones que sólo la completa inteligencia del asunto puede dar”.

Con esto se derrumba la leyenda de los nueve años de asistencia perfecta, pero también la pretensión vengativa de los niños malos (revisionistas) que sostienen que era un burro. Ni un burro ni asistencia perfecta. Un niño cualunque; pero más bien aventajado, pues siempre fue el primero de la clase.

Don Leonardo Castellani, que es fraile y conoce mucho a los chicos, dice que “el chico que nunca se hizo la rabona es sospechoso”. En general todos los chicos afirman, como Dominguito, que nunca “se la hicieron”, pero conviene desconfiar.

Zoncera N ° 17 del libro Manual de zonceras argentinas de Arturo Jauretche.

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Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811, en San Juan. Su casa estaba en el Carrascal, uno de los barrios más pobres de la ciudad. Fueron sus padres José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín, que formaron un hogar paupérrimo, en el que nacieron quince hijos de los cuales sobrevivieron seis Domingo Faustino Sarmiento, un niño que llegó a ser en el desarrollo extraordinario de su vida.

Aprendió a leer a los cuatro años y a los cinco empezó a ir a la escuela. Su madre, quiso que se educara para ingresar al clero. Él se negó e intentó conseguir una beca para estudiar en la principal escuela de Buenos Aires, que en esa época era el Colegio de Ciencias Morales. No pudo obtener la beca y permaneció en San Juan.

A los 16 años, comenzó a participar en los conflictos militares interprovinciales. Se enfrentó a las tropas del ascendente caudillo riojano Facundo Quiroga, y cuando este dominó San Juan, en 1831, Sarmiento se exilió en Chile, donde trabajó como maestro.. Volvió a San Juan en 1836 y fundó el periódico El Zonda.

Las críticas de Sarmiento hicieron que el gobierno sanjuanino le quitara su apoyo al periódico, y ya no pudo sostenerlo económicamente. Enfrentado con los federales, y en particular con el proyecto político del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, Sarmiento se fue otra vez a Chile en 1840.

Allí se casó con Benita Martínez Pastoriza, adoptó al hijo de esta, Dominguito, y comenzó a crecer su prestigio como periodista. El gobierno chileno lo envió en 1845 a diversos países europeos y americanos para estudiar sus diferentes sistemas educativos.

En el libro Viajes vertió sus impresiones. En Chile, donde trabajó como periodista y profesor, y publicó Facundo, civilización y barbarie (1845), un apasionado ataque contra el régimen de Rosas que se convirtió en un clásico de la literatura argentina. Allí trabajó como docente, en el comercio y también de empleado en una mina.

En 1842 fue nombrado director de la importante Escuela Normal de Preceptores en Santiago y, tres años más tarde, el gobierno chileno le envió a Europa y Estados Unidos para estudiar sus sistemas educativos.

Tras la caída de Rosas en 1852, Sarmiento regresó a su país. Fue ministro plenipotenciario de la República Argentina en Estados Unidos, desde 1864 hasta 1868; durante su larga actuación pública fue diputado, y al final de su ejercicio fue elegido presidente de la República.

Su administración fue enérgica y progresista, extendió el comercio, mejoró el transporte, favoreció la inmigración y fomentó la enseñanza. Después de su época presidencial, regresó a su principal vocación: la enseñanza. Ya en Buenos Aires, como director de escuelas, reorganizó el sistema escolar.

Entre sus escritos se destacan Conflictos y armonías de las razas en América (1883), La vida de Dominguito (1885), así como numerosas obras sobre el tema de la enseñanza. Se destacó como crítico teatral, literario e histórico.

Cuando se organizó la gran alianza contra Rosas, Sarmiento se sumó a ella, y participó de la batalla de Caseros, que puso fin al régimen rosista en 1852. Participó también activamente en la agitada vida política de los años que siguieron a ese momento.

En 1862 fue elegido gobernador de San Juan, pero renunció a los dos años por diferencias con el ministro el Interior de la nación. En 1864, el presidente Bartolomé Mitre lo nombró ministro plenipotenciario argentino en los Estados Unidos. En su ausencia fue propuesto como candidato a la presidencia por grupos rivales a Mitre, y fue elegido para el período 1868-1874.Al dejar el poder siguió vinculado a actividades públicas: fue Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires en 1875 y senador por la provincia de San Juan más tarde. En 1879 fue por muy poco tiempo ministro del Interior.

Más tarde fue Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En 1888 se trasladó a Paraguay para evitar el invierno de Buenos Aires. Murió allí el 11 de septiembre.

Como tantos grandes hombres de su generación, generosos y abnegados, murió en la pobreza y casi sin los recursos para hacer frente a los costos de su enfermedad. Sin embargo, la última hora lo encontró sereno y con plena lucidez.

Hombre de ideas

Sarmiento fue a la vez un hombre de ideas y un hombre de acción.Como pensador se lo considera parte de la llamada Generación del 37. Convertido en un escritor respetado en Chile, Sarmiento se dedicó a hostigar desde allí al gobierno de Rosas.

En esa operación escribió, en 1845, su obra más famosa: Facundo. Civilización y barbarie en las Pampas argentinas. Como figura del Romanticismo, Sarmiento buscó cómo contar el drama rioplatense a través de un héroe. Los héroes de los escritores románticos europeos eran seres muy pasionales, muy intensos. Sarmiento no encontró a ningún héroe con esas cualidades en el escenario que pretendía explicar.

En cambio, halló esos rasgos en lo que para él era un antihéroe: Facundo Quiroga, el caudillo riojano, una de las principales figuras políticas rioplatenses hasta su muerte en 1835. En su obra, Facundo, Sarmiento introdujo una división para pensar lo ocurrido en el Río de la Plata desde 1810: el conflicto entre civilización y barbarie.

Más allá de su obra y de su propia vida, esa oposición se extendería a lo largo de la historia argentina. Al mismo tiempo que combatían a Rosas, varios intelectuales discutieron a mediados del siglo XIX distintas formas de impulsar el progreso del país una vez que Rosas dejara el poder.

En el libro Argirópolis, de 1850, Sarmiento propuso construir una confederación rioplatense que incluyera a Uruguay, a Paraguay y a la Argentina; la capital sería la isla Martín García.

En este y otros libros y artículos, Sarmiento presentó un proyecto en el cual proponía dejar de lado la fascinación por Francia y tomar como modelo a los EE.UU. Su idea, basada en lo que vio en ese país, era impulsar el cambio social para lograr el progreso económico.

El plan de Sarmiento era fomentar la educación para promover el bienestar general. En su visión, si los pobres se educaban se lograría también un afianzamiento del orden social, porque aprenderían a resolver sus ambiciones dentro del marco existente.

A la vez, había que promover la participación política de los ciudadanos en el ámbito municipal, para que se inmiscuyeran activamente en los asuntos que los implicaban directamente.

Y también era necesario lograr una mejor distribución de la tierra, para evitar el crecimiento de los latifundios y generar, por el contrario, una sociedad de pequeños y medianos productores dedicada a la agricultura más que a la ganadería.

Otro elemento fundamental era la afluencia de inmigrantes europeos, para incrementar la cantidad de población y para que –según su opinión– trajeran civilización.

También era importante obtener capitales extranjeros. Estas propuestas se volcaron en textos intensos y muy polémicos, que lo llevaron a mantener debates largos y fuertes con otros pensadores, en particular con Juan Bautista Alberdi. Cuando Rosas leyó Facundo, les dijo a los publicistas que lo rodeaban: “Así deberían defenderme”.

Educador

Si el 11 de septiembre es el Día del Maestro es porque el aspecto educativo de la obra del polémico Sarmiento es el que más efectos tuvo en la Argentina. La educación fue para él una obsesión y desde el poder la impulsó activamente.

Como gobernador de San Juan dictó una Ley Orgánica de Educación Pública que hacía obligatoria la enseñanza primaria, y creó varias escuelas de distinto tipo. Siendo presidente fundó alrededor de 800 escuelas en todo el país.

Creó la Academia de Ciencias, la Escuela Normal de Paraná, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Universidad Nacional de San Juan, la Biblioteca Nacional de Maestros, el Observatorio Astronómico de Córdoba, el Liceo Naval y el Colegio Militar. Al término de su gobierno, los alumnos en escuelas primarias habían pasado de treinta mil a cien mil.

Además, trajo a maestras extranjeras para educar a las locales, escribió un Método de lectura gradual y en 1881 fundó la importante revista educativa El Monitor de la Educación Común. Su aporte al desarrollo de la educación pública, laica y gratuita (más tarde consagrada en la Ley 1420) fue clave para el desarrollo argentino.
Un ejemplo a imitar.

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