“Con nuestras propias acciones construimos el destino de cada día”
Todos venimos a este mundo en igualdad de circunstancias; El equipaje es el mismo. Sin embargo el medio ambiente influye en todos y cada uno de los cambios que se operan en nosotros. Es muy poco lo que se nos educa para vivir. La supervivencia es un proceso arduo y difícil para la mayoría.
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Algunos superan sus dificultades; otros aprenden a vivir con ellas y la mayoría se desadaptan.
Son muchas las causas que producen este fenómeno de desadaptación, tales como la carencia de una educación adecuada; las influencias de la familia, las creencias religiosas, las desigualdades sociales, el concepto del bien y del mal, la falsa interpretación de lo que es moral y de aquello que consideramos como inmoral y la interpretación errónea de los valores.
Todo ello y muchas otras causas más contribuyen a nuestra desadaptación para la vida. Muchas situaciones se nos presentan porque no tenemos el valor para rechazarlas.
Nuestro sentido de dependencia y nuestra carencia de individualidad para luchar y para superarnos nos hacen víctimas de las circunstancias que realmente no queremos para nosotros. Somos los únicos que podemos cambiar esas circunstancias, pero no lo hacemos y por eso sufrimos las consecuencias.
Nadie tiene por qué aceptar un compañero o una compañera alcohólicos. Ninguna mujer debe permitir que un hombre la golpee o la lastime.
No podemos poner la culpa en los acontecimientos y circunstancia que nos rodean.
Somos los artífices de nuestro destino y por la misma razón somos directos responsables de lo que nos pasa; porque somos nosotros mismos los que preparamos el camino y los que sembramos las semillas del triunfo o del fracaso.
Si en ocasiones nos desconcertamos y preguntamos qué hemos hecho para merecer una vida que no nos satisface, pongámonos la mano en el corazón y pensemos responsablemente acerca de aquellos momentos en los cuales nos faltó el valor para tomar decisiones acertadas, para rechazar lo que no nos convenía, o para evitar situaciones que podrían perjudicarnos en el futuro.
Dejemos de pensar en la buena o en la mala suerte. Eso no existe, porque somos nosotros los que sembramos la semilla de nuestras buenas o malas acciones.
La vida es justa. Ella sólo nos brinda lo que realmente merecemos.
En ocasiones llegamos a ser demasiado complacientes y permitimos que los demás pasen por encima de nuestros más elementales derechos. Otras veces nos falta el coraje para decir “No” cuando es nuestra obligación pronunciar esa palabra, para evitarnos futuros males.
Pecamos por descuido, por ignorancia o por omisión y luego sufrimos las consecuencias de nuestros actos.
La ley de la “compensación” es sagrada…Se cumple inexorablemente. Ella nos otorga lo que realmente nos merecemos.
Cuando pensemos acerca de esto, miremos hacia atrás y conscientemente evaluemos la responsabilidad que nos toca en relación con las circunstancia que en la actualidad estamos afrontando. Nuestro destino será lo que nosotros mismos deseamos que sea. Nada está escrito, nada está premeditado. Todo es producto de nuestras propias acciones y siempre estamos en capacidad de cambiar las circunstancias que nos rodean. Si no lo hacemos, entonces estamos muertos en vida, porque solamente podemos probar que estamos realmente vivos cuando estamos produciendo los cambios que necesitamos para facilitar el proceso armónico de nuestra existencia.
“El pensamiento es la conciencia de la vida , pero la acción es la afirmación de ésta.”
Nunca esperemos de la vida más de lo que merecemos; hacer lo contrario nos llevará seguramente a la frustración.

 

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