Hiroshima y Nagasaki (Japón)
El 6 de agosto de 1945, cuando estaba a punto de terminar la Segunda Guerra Mundial, una bomba de uranio llamada “Little Boy” fue lanzada por el mítico avión Enola Gay sobre Hiroshima (Japón) y causó más de 100.000 muertes, además de destruir la ciudad.
Explotó a 590 metros de altura, liberando una energía equivalente a 13 kilotones (13.000 toneladas) de TNT. Tres días después se dejó caer sobre Nagasaki una bomba de plutonio llamada “Fat Man”, con resultados comparables. Ambas órdenes las dio Harry Truman, presidente de Estados Unidos.
Previamente, la primera bomba atómica había sido ensayada en el desierto, en Nuevo México, el 16 de julio. El calor generado por la explosión vaporizó la torre de acero de 30 metros de altura sobre la cual se había colocado la bomba y fundió la arena de varias hectáreas alrededor de ella.
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La mil grullas (Elsa Bornemann)

Esta es una historia que narra la miseria y esperanza al mismo tiempo. Elsa Bornemann nos regala un libro para reflexionar con los chicos. No es otro cuentito para leer antes de irnos a dormir… es un libro para sensibilizarse, para meditar, para discutir en familia.

Noemi y Toshiro son dos niños que viven en Hiroshima, en 1945. El lanzamiento de la primera bomba atómica los sorprenderá separados pero unidos por un lazo de amor que lleva a Toshiro a hacer lo imposible para salvar a su amiga.

Las páginas están surcadas por el dolor, la guerra, la muerte, el silencio, la lucha. Sin embargo, es un canto a la esperanza en la humanidad. Es un canto a la inocencia de los niños, que son capaces todavía de imaginar un mundo nuevo, distinto, lleno de amor, solidaridad, sin siquiera conocer exactamente el significado de lo que nosotros, adultos, llamamos “paz”.

Un libro que me emocionó casi hasta las lágrimas, un regalo que nos vuelve a hacer Elsa Bornemann con su maravillosa narrativa. ¡Esperamos que la disfruten en familia!

La cultura de Japón relaciona a las grullas con la buena suerte y longevidad. Por eso una antigua leyenda japonesa cuenta que quien consiga hacer mil grullas de origami conseguirá ver cumplido su más grande deseo.
 
Esta leyenda, tan vieja como el tiempo, revivió en la mitad del siglo XX y fue Sadako Sasaki, una niña japonesa quien se encargó de hacerlo. Sadako tenía dos años cuando estalló la bomba de Hiroshima, ciudad en la que vivía, donde, sólo en el año de la masacre, 1945, murieron más de 140.000 personas por el estallido o sus consecuencias posteriores.
 
También a Sadako le afectaron las radiaciones y nueve años más tarde le diagnosticaron leucemia; en su lucha contra la enfermedad decidió crear mil grullas para curarse de su enfermedad, pero no pudo conseguir su propósito y murió en 1955 después de haber plegado 644 grullas. Sus amigos prosiguieron la simbólica tarea de completar las mil grullas con la esperanza de que se acabaran las guerras en el futuro.
 
El parque de la paz de Hiroshima recuerda a Sadako y a sus amigos con esculturas donde puede leerse: Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria; paz en el mundo.
 
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