“La mujer no puede ser solamente espectadora de los movimientos políticos. Debe afirmar su acción, debe votar”, dijo Eva Perón tras el triunfo del peronismo en 1946.

Era su primer discurso tras la llegada de su esposo Juan Domingo Perón a la presidencia, y Evita asumía el compromiso de luchar a favor del sufragio femenino, que iría a la par de una política social sin precedentes para mejorar las condiciones de vida de los más pobres, a quienes bautizó como sus “descamisados”.

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Esta emblemática mujer, de origen humilde y escasa instrucción, con pasado de actriz, se convirtió en un personaje fundamental de la historia argentina, que trascendió las fronteras y se convirtió en un ícono de la lucha femenina.

Una infancia de profundas carencias empezó a moldear la personalidad de María Eva Duarte, nacida el 7 de mayo de 1919 en un pequeño poblado a 200 kilómetros de Buenos Aires. Al igual que sus otros cuatro hermanos, era fruto de la relación extramatrimonial de su madre con un hombre de clase acomodada, circunstancia que en aquella época la hacía objeto de discriminación social.

Como tantos millones de pobres en aquella época, Evita migró a la gran capital para cumplir su sueño de actriz. Debutó en un teatro el 28 de marzo de 1935 con un papel de mucama. Su consagración llegaría casi diez años después con un ciclo radial en el que interpretó a mujeres ilustres de la historia, como Isabel I de Inglaterra o la zarina Catalina la Grande.

El 22 de enero de 1944, Evita llamó la atención del ascendente coronel Juan Perón durante un festival artístico a beneficio de las víctimas de un terrible sismo en la provincia de San Juan. Desde entonces, nunca más se separaron.

Evita dejó definitivamente su carrera artística para acompañar a Perón por todo el país en campaña electoral para las elecciones de 1946.

Cuando Perón llegó al poder, Evita tomó el control de dos pilares fundamentales del peronismo: la relación con los sindicatos y la fundación que llevaría su nombre, desde la cual ejecutaría la ayuda social para miles de empobrecidos.

A Evita se le cuestionaba el uso intensivo de la propaganda oficial, el control sobre los medios masivos de comunicación, la persecución de opositores y el culto a la personalidad. Se la acusó de autoritaria e implacable con “los contreras”, como llamaba a los antiperonistas.

Eva Perón enfermó de un cáncer de cuello uterino. Su primera manifestación sucedió el 9 de enero de 1950 cuando sufrió un desmayo en el acto de fundación del Sindicato de Taxistas.

El avance del cáncer la volvía cada vez más débil y la obligaba a guardar reposo. Pese a ello participaba en los actos públicos. Uno de los más importantes de este período final de su vida fue el del 17 de octubre de ese año. El discurso que Evita pronunció ese día ha sido considerado como su testamento político; en él menciona nueve veces su propia muerte.

Tras una larga agonía, Evita murió el 26 de julio de 1952. Tenía 33 años. La mitología peronista dice que ese día, Evita “pasó a la inmortalidad”.

Redacción El Cívico

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