En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 22 de marzo como el primer Día Mundial del Agua, un día para reflexionar sobre la función esencial del agua y propiciar mejoras para la población mundial que todavía sufre por su escasez y debatir cómo gestionar los recursos hídricos en el futuro.
El lema de este año: sostenibilidad

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En esta ocasión, la ONU ha querido centrar las celebraciones de este Día Mundial del Agua en un aspecto clave: la sostenibilidad.

Debemos contribuir a que tanto las autoridades como los usuarios gestionen de la mejor forma posible este valioso recurso con estudios sobre la calidad del agua, sus características y su precio, o consejos sobre la mejor manera de ahorrar.

Tres claves para el futuro del agua

Apoyados en la experiencia,  creemos que la sostenibilidad debe apoyarse en...

Una gestión transparente: informar a los ciudadanos sobre cómo se gestiona el agua y fomentar que participen en la toma de decisiones, lo que contribuirá a una mayor implicación.

Una coordinación más efectiva: la gestión del agua está fragmentada en distintos niveles (estatal, autonómico, municipal), sin unos objetivos comunes. 

Buena muestra de ello son los múltiples criterios que se aplican en las tarifas, casi tantos como municipios. 

Las tasas del agua muchas veces incluyen consumos mínimos elevados, que fomentan el despilfarro y penalizan a las familias con menos recursos. 

El mínimo debe ser ajustado si la ciudad no cuenta con unas ayudas o con tarifas especiales que garanticen que todo el mundo tenga acceso a este bien esencial. También es importante trabajar en la revisión de las tarifas de saneamiento. 

Las grandes diferencias observadas entre municipios en los estudios de tarifas no tiene justificación. 

Captar y potabilizar el agua puede resultar más costoso en cualquir país, pero el costo de depurar el agua residual no tendría por qué ser muy distinto si el proceso de depuración es parecido.

Una planificación a medio y largo plazo: debemos trabajar para garantizar el recurso a las generaciones futuras y esto solo es posible si las políticas de gestión del agua miran a un plazo más largo que lo que dura una legislatura. 

Además, hay que fomentar el estudio y la inversión en nuevas tecnologías que permitan un suministro de agua con menos impacto ambiental y un vertido de aguas residuales más respetuoso con el entorno (plantas desalinizadoras con menos consumo de energía, sistemas de depuración que retiren más contaminantes…)

Cada mañana abrimos la llave para lavarnos, llenamos la cafetera con agua y limpiamos los vasos del desayuno antes de guardarlos. Las plantas necesitan su refrescante ración diaria; mientras que en la cacerola hierve el almuerzo. Bebemos uno, dos, tres, cuatro vasos de agua y no nos preocupamos por la cantidad; y si estamos en la calle, en las tiendas rara vez faltan las botellas y garrafas.

Pero, ¿se imagina que al abrir el grifo no saliera agua? ¿O que en los comercios no quedaran botellas? Sin este “oro líquido” transparente, no podríamos vivir, pero, ¿la cuidamos y valoramos?

Somos en un 60% agua, un 78% en el caso de los bebés. Podemos vivir semanas sin comida; pero moriríamos a los pocos días sin agua.

 Cada caloría que nos comemos ha sido regada con un litro de agua y para producir esa polera de algodón de talla mediana que vistes se usaron 4.100 litros.

El simple hábito de lavarse las manos es el mejor tratamiento para combatir enfermedades y eliminar gérmenes, dice la Organización Mundial de la Salud, pues en un gramo de desecho orgánico humano viven un billón de gérmenes.

Cuidemos y valoremos el agua sin ella la vida sería imposible.

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