La Chaya

La Provincia de La Rioja vive su fiesta folclórica y popular más importante a mediados del mes de febrero: La Chaya, que este año se celebra entre el 14 y el 18 de febrero. En los barrios, pueblos y calles se mezclan la harina, la albahaca y el vino para celebrar una tradición ancestral, conjugando el antepasado originario y el legado diaguita al celebrar el éxito en la recolección de frutos, aquellos que la tierra sabiamente devolvió a manos del agricultor.

Se trata de un carnaval diferente en el que durante tres días corridos se avistan coloridos desfiles, shows folclóricos y los tradicionales “topamientos” (acercamiento festivo) en más de 300 barrios de la capital provincial, donde pobladores y turistas intercambian saltos, bailes y gritos de alegría mientras se embadurnan con agua, harina, vino, albahaca, espuma y hasta algunas pinturas en el rostro.

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Historia de diaguitas

La historia cuenta que los diaguitas vivían en los valles y quebradas de esta provincia enigmática. Cada año los pueblos agradecían a la Pachamama (Madre Tierra, a la que también se llamaba Allpa Huama), las bondades recibidas y la fructífera cosecha, principalmente del algarrobo, el árbol más importante de la economía y la tradición diaguita. Los estudiosos de estas leyendas coinciden en que en una de estas tribus vivía una bella joven llamada Challai (Chaya), que era tan hermosa que los diaguitas creían que era un homenaje vivo a la Madre Tierra. Sin embargo, esta fiesta, como cualquier otra surgida de la tradición ancestral, tiene un origen y un significado muchas veces distintos, según quién relate los hechos.

Algunos dicen que la hermosa Chaya se enamoró de un joven y rubio colono que pasaba junto a su familia por estos parajes. Otros aseguran que se enamoró de Pujllay, una especie de semidios. El amor no pudo concretarse, entonces la niña desengañada huye a las montañas y toda su tribu sale a buscarla desesperadamente. Cuando están a punto de encontrarla en una quebrada, Chaya se convirtió en nube y ascendió a los cerros. Cada año, en febrero, vuelve convertida en rocío para endulzar las flores del cardón, como una lágrima derramada por su amor perdido. Pujllay, con su corazón partido, se emborracha y cae en un fogón, donde muere.

Este amor frustrado da el nombre de Chaya a la fiesta que, año a año, los riojanos recuerdan bajo el aroma de la albahaca y deja como personaje principal a Pujllay, que en la actualidad se representa con un muñeco desgarbado (hecho de trapo o ropa en desuso que en ocasiones también le añaden pirotecnia), que preside la celebración, desde su desentierro al inicio de la Chaya hasta su entierro o quema, que marca el último día de la fiesta.

Al llegar a estas tierras, los españoles se encontraron con una fiesta singular de agua y danza que celebraban los diaguitas festejando la finalización de las cosechas, aunque en La Rioja de hoy esté muy ligada al Carnaval de febrero. La Chaya es la fiesta “de los tres días”, una gran celebración de amistad y de alegría, de compartir y dejar a un lado todas las penas. Es entonces como, cada año desde 1969, se realiza el Festival Nacional de la Chaya.
La Chaya es la fiesta ancestral por antonomasia de la provincia de La Rioja, “La fiesta de los tres días”, una gran fiesta de amistad y de alegría, de compartir y dejar a un lado todas las penas. Cuenta la historia que los primeros españoles llegados a estas tierras se encontraron con una fiesta singular de agua y danza que celebraban los diaguitas festejando la finalización de las cosechas, aunque en La Rioja de hoy esté muy ligada al Carnaval de febrero.
El origen de la Chaya se encuentra en el rito religioso natural de la alegría y acción de la gracia celebrada por las tribus. La alegría del alimento seguro, de la vida que renace y continua, y el signo del agua con que se moja la tierra, el campo y las piedras, los hermanos del Ayllu (comunidad), al final comparten, mojándose mutuamente con el agua y empolvándose unos a otros con harina de maíz, la alegría de los dones recibidos de la Pachamama (Madre Tierra) y la recolección de los frutos.
La Chaya, que del quechua “challay” significa mojar o rociar, es fiesta ancestral, cuyos orígenes se pierden en la lejanía del tiempo mezclado con el tradicional carnaval europeo. En La Rioja de hoy esta fiesta popular está ligada al carnaval y reconoce como principal protagonista al “Pusllay” o “Pujllay”.
Por último, dos ceremonias vienen a completar la festividad: el bautismo de la “guagua” (niño menor de dos años) elaborado con frutas secas que al ser rociado con el vino mientras lo sostienen sus padrinos, el Cumpa y la Cuma, queda bautizado. Luego tendrá lugar el “topamiento” o “coronación”, en la que la Cuma y el Cumpa, se intercambiaran un amicho (frutos gemelos) y más tarde serán coronados con flores, albahaca y masa, toda ésta bajo un gran arco con flores y cintas.

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