Una movilización de trabajadores sin antecedentes hasta ese momento marcó, el 17 de octubre de 1945, una bisagra en la historia del país, que vio nacer en esa jornada a una nueva fuerza social que modificó definitivamente el mapa político de la Nación: el peronismo.

Las seis décadas que pasaron desde aquella fecha emblemática no borraron la vigencia de un movimiento de masas que se construyó sobre la imagen de Juan Domingo Perón y la devoción que despertó la mujer que lo acompañó en esa etapa de su vida, Evita.
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El “aluvión humano”, como la clase dominante definió a la participación popular que literalmente invadió el centro de la ciudad de Buenos Aires en reclamo de la libertad de su líder, es hoy todavía un hecho que pocas veces más se repitió en la historia nacional.

Más de 100 mil trabajadores -la mayoría llegados de los suburbios del Gran Buenos Aires, que crecía en esos tiempos aceleradamente- copó desde temprano la zona de la Plaza de Mayo con el reclamo de la libertad de Perón, que se encontraba detenido en la isla de Martín García por orden del presidente de facto, el general Edelmiro Farrell.

El militar que desde la secretaría de Previsión Social, el ministerio de Guerra y la vicepresidencia de la Nación había instrumentado las nuevas leyes sociales que otorgaban a los trabajadores beneficios nunca antes conquistados, era duramente cuestionado por sus compañeros de armas.

Era un país de 14 millones de habitantes, que recibía a diario miles de trabajadores con sus familias desde el interior, los cuales se instalaban en el creciente conurbano bonaerense en consonancia con el importante crecimiento del cordón industrial, que tenía ya más de 80 mil fábricas demandantes de mano de obra.

Desde la secretaría de Previsión Social, Perón había interpretado la necesidad de mejorar las condiciones de estos trabajadores y desde su propia ambición política dedicó gran parte de su gestión a otorgarles ventajas a los obreros, como el salario básico, aumentos progresivos por producción y beneficios sociales antes ignorados por el empresariado.

El entonces coronel Perón había trepado hasta la vicepresidencia del Gobierno de facto y ese crecimiento “desmedido” fue el motivo por el cual un grupo de militares más refractario a esos cambios realizó una movida para “cortarle las alas”.

Una semana antes del 17, los integrantes de la Escuela Superior de Guerra donde se encontraban aquellos que no veían con buenos ojos a Perón, decidieron levantarse contra el Gobierno exigiendo la renuncia a todos sus cargos y el pase a retiro, algo que el mismo coronel escribió de puño y letra.

Perón, junto a su pareja desde hacía más de un año, Evita, aceptaron entonces una invitación de un militar amigo y se instalaron en una isla del Tigre, mientras el gobierno de Farrell anunció elecciones democráticas para el 7 de abril de 1946.

Sin embargo, la presión de los militares rebeldes hizo que el 13 de octubre Perón fuera detenido en el Tigre y trasladado posteriormente a la isla Martín García, previo paso por la cañonera Independencia, anclada en el puerto de Buenos Aires.

Esta novedad hizo estallar movilizaciones espontáneas de trabajadores, que desde Avellaneda, Berisso y otra zonas se comenzaron a movilizar hacia el centro porteño; también hubo convocatorias en Rosario y La Plata.

El 16 de octubre, la conducción de la CGT, junto a otros sindicatos autónomos, se reunieron para reclamar al Gobierno que se respetaran las conquistas sociales de los trabajadores y se dispusiera la libertad inmediata de Perón. Ante la repuesta negativa de un Gobierno que se encontraba sin Gabinete y al borde del colapso, se determinó una huelga de 24 horas a partir de la medianoche del 18 de octubre, al tiempo que la Policía se trenzó en una batalla campal con cientos de manifestantes que desde Avellaneda habían logrado llegar hasta el barrio de Barracas.

Por recomendación médica -la humedad de la isla afectaba los bronquios del coronel- Perón fue trasladado en la madrugada del 17 al Hospital Militar, lugar donde estuvo hasta casi las 17, cuando el presidente Farrell lo hizo llamar desde la Casa Rosada.

Cuando el Gobierno y los militares se dieron cuenta de que no podrían dispersar a los miles de manifestantes que estaban en la Plaza, cedieron terreno y dejaron la puerta abierta para que el nuevo líder popular que nacía en esa horas enfrentara por primera vez, desde el balcón de la Casa Rosada, a una multitud que lo aclamaba. Perón salió a ese escenario luego de las 23 de aquel 17 de octubre, para dar pie a un ritual que se repetiría decenas de veces más hasta su despedida el 12 de junio de 1974, y desde allí, en el primer acto fundacional del movimiento peronista.

La Argentina cambió: el país ingresó en una dinámica nunca vista durante ese siglo XX, y los “descamisados” de Perón y Evita inventaron una nueva forma de hacer política.

Fuente http://www.eldia.com.ar/ediciones/20051017/opinion2.asp

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