Olga Ferri (Nació el 20 de septiembre de 1928, falleció en Buenos Aires, Argentina, el 15 de septiembre de 2012.

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Fue una bailarina argentina de relevancia internacional que fue durante décadas primera figura del ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, junto a Esmeralda Agoglia, María Ruanova, Violeta Janeiro y la malograda Norma Fontenla, integró el notable grupo de primeras bailarinas del teatro porteño de las décadas del 50-70.

Fue una figura fundamental del ballet argentino. Primera bailarina del Colón, se codeó con los más grandes. A su retiro, se convirtió en formadora. Paloma Herrera fue su alumna.

En las décadas del 50 y el 60, un período en el que el Ballet tenía muchas funciones y mucho público, que Ferri tuvo la posibilidad de interpretar roles de ballets que estaban recién incorporándose al repertorio del Ballet del Colón. Por ejemplo la versión integral del mismísimo Lago de los cisnes , en que encarnó a Odette, el cisne blanco.

Ferri nació en 1928 y a los doce años ingresó a la Escuela de Danzas del Teatro Colón -hoy Instituto de Artes-; su maestra, en el sentido esencial de la palabra, fue la legendaria Esmée Bulnes. A los quince, Olga ya trabajaba en el Colón como refuerzo de cuerpo de baile: “Me pagaban dos pesos con cincuenta por ensayo y cinco pesos por función -dijo años más tarde-; era mucho dinero para mí”. Su paso por las escalas jerárquicas del Ballet del Colón fue vertiginoso: pasó de la categoría de cuerpo de baile a la de primera bailarina sin instancias intermedias y cuando tenía apenas veintiún años.

En 1962 llegó al Colón el gran coreógrafo británico Jack Carter, que en su segunda visita a Buenos Aires tuvo la colosal tarea de montar la versión integral de El lago de los cisnes.

Carter encontró en Ferri una de sus intérpretes favoritas. Le confió el rol de Odette y más tarde, cuando regresó para montar una versión propia de Coppelia , también le dio el principal papel femenino, por el que fue muy elogiada. Pocos años antes había interpretado -por primera vez lo hacía una bailarina argentina- el papel de Giselle en versión de la cubana Alicia Alonso.

Olga Ferri y Esmeralda Agoglia representaron dos tipos de bailarinas con personalidades muy diferentes; incluso en un ballet del norteamericano John Taras sus personajes figuraban así: “La muchacha dura e imperiosa como un diamante” (Agoglia) y “La muchacha suave como un sauce” (Ferri). Pero la presunta rivalidad tenía poca cabida en una época en que las funciones del Ballet eran muy abundantes. Decía Agoglia en una entrevista: “Yo fui la heredera de María Ruanova y un tiempo después llegó Olga Ferri. Cada una tenía su estilo y si no bailabas en el estreno, estabas tranquila sabiendo que te tocaba la segunda o tercera función”. Olga Ferri no sólo hizo una gran carrera en el Teatro Colón, sino que trabajó en distintas compañías del exterior y de una manera más prolongada en el prestigioso London Festival Ballet a partir de 1961. Se retiró de la escena con Coppelia ; tenía cuarenta y nueve años.

En 1971, junto con su marido Enrique Lommi -también primer bailarín del Colón- abrió en Buenos Aires una escuela de ballet propia; allí formó muchos bailarines, entre los que se destaca especialmente Paloma Herrera. Cuando estaba cerca de cumplir ochenta años -que la encontraban muy activa, dando clases en su estudio- Olga asumió la responsabilidad de conducir el área de danza del Teatro Colón. Este puesto abarcaba el Ballet (con Jorge Amarante como codirector), el Taller Coreográfico y el Instituto de Artes. Fue en agosto de 2008 y el Teatro estaba cerrado por reformas.

La invitación del entonces director del Colón Horacio Sanguinetti la había tomado un poco de sorpresa: “Después de tantos años se acordaron de llamarme -comentó en una entrevista de entonces-. Es un momento difícil; el Colón está en terapia intensiva y todos tenemos que ayudarlo a que se reponga. Es un trabajo difícil, pero estoy segura de que se puede hacer. Que no es lo mismo que decir ‘se puede hacer, pero ¡qué difícil!’. Querría que el Ballet tuviera un repertorio amplio y renovado. Pero antes que nada la nueva generación debe aprender bien la tradición, el clasicismo y el sentido del estilo. Una vez que se aprende esto, puede comenzar a venir lo demás”.

Con una trayectoria excelsa, un recuerdo imborrable de su paso por escenarios del mundo en los que bailó las piezas más relevantes del repertorio clásico. También su dimensión como maestra, desde su estudio, del cual, junto con Enrique Lommi (quien fuera su esposo y partenaire ), había hecho un templo de sabiduría, pero también un semillero de valores nuevos.

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