Cada ser humano es único y por lo tanto su presencia es irreemplazable, sus palabras, sus gestos, sus sentimientos, sus alegrías, sus dolores, sus acciones dejan huellas imborrables que el tiempo enmarca en una sutil evocación.
Los docentes que se jubilan han formado a miles de personas brindando conocimientos para abatir la mediocridad y alcanzar la excelencia.
No en vano la palabra “jubilación” es júbilo, alegría, regocijo, gozo y son seguramente los sentimientos que experimentan los que definitivamente dejan las aulas.

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Pero esos sentimientos se mezclan con nostalgia y tristeza porque es el final de su vida profesional, consagrada a la educación, a la noble tarea de enseñar, de transmitir conocimientos y normas necesarias para su formación, socialización e integración a la comunidad.
A nuestros docentes jubilados les agradecemos profundamente su trabajo, dedicación y entrega.
Por todo lo brindado a lo largo de tantos años los saludamos en este día tan especial.

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