Una relación es sana cuando ese contacto con el otro saca de nosotros nuestra belleza, nuestra luz, nuestra verdad, nuestro Amor, nuestra generosidad, la simpleza, el servicio, la entrega, el humor, la alegría y el entusiasmo de seguir creciendo juntos,  complementando uno lo que el otro no manifiesta aun..  photo SCRAP190614_zpsc0ca151d.png Pero si la relación con el otro, sólo hace aflorar en nosotros la fealdad, la vulgaridad, la violencia, la manipulación, la carencia, la demanda de afecto, la indiferencia, la frialdad, ese es decididamente un vínculo enfermo… Aquel que en una relación da, porque ve al otro como una prolongación de sí mismo, es decir se da a si mismo en el espejo del otro, y además siente la alegría de fundirse en el acto en sí,  sin esperar el reconocimiento o la devolución del otro, entra de lleno en el plano de lo incondicional y sana su cuerpo físico, el mental y el emocional, sana su vida. Aquel que no espera, porque sabe que al amar en el aquí y ahora, ya recibió en forma simultánea muchísimo más que lo que su anhelo mental esperaba, esa persona se hace dueña de su vida, y no especula con la posible devolución efímera de los demás, para seguir sobreviviendo. Edu Wigand

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