✺ A fines del siglo XV, la mayoría de la población europea vivía y trabajaba en el campo.
En las ciudades, especialmente en las portuarias, la principal actividad era el comercio de productos traídos de China, la India y el Japón, una región conocida como Lejano Oriente o Indias.
✺ Entre los productos más codiciados, se encontraban las especias: pimienta, comino y demás.
Como no se conocían métodos de conservación de los alimentos, las especias eran usadas para dar a las comidas un sabor y un olor agradables.
✺ Las personas pudientes también compraban perfumes para cubrir su mal olor (no existía el hábito de bañarse cotidianamente) y sedas, porque acostumbraban lucir trajes muy lujosos.
✺ Los reinos europeos eran relativamente pequeños y débiles; por tanto, algunos buscaban expandirse y consolidarse. Para eso, conquistaban nuevas regiones y luchaban entre sí.
✺ Se necesitaban nuevas tierras para cultivar y alimentar a la población, que crecía.
✺ Para tener un buen ejército, los reyes necesitaban armar y pagar a los soldados. Las monedas
eran de oro y plata, metales muy escasos en Europa.
✺ En el siglo XV, se conocieron algunos instrumentos de navegación, que ya usaban los chinos y los árabes, y que permitían no depender de las estrellas para orientarse en el mar.
✺ En esta época, se perfeccionó el diseño de las embarcaciones.
✺ En 1453, un pueblo de Oriente, el turco, entró en guerra con algunos reinos de Europa y cerró las rutas utilizadas para llegar a Oriente; así, fue necesario explorar nuevas rutas.
Colón sostenía que era posible llegar a las tierras
de Oriente o Indias navegando por un pequeño mar: el océano Atlántico. El marino desconocía que ese mar no era nada pequeño y,
también, que entre Europa y Oriente se alzaba un continente: el que después se llamó América.
Así, creyó haber llegado a una región de las Indias y por eso llamó “indios” a sus habitantes, que, en realidad, tenían su propio nombre: “taínos”.

Como casi todos los almirantes y capitanes, Colón escribió un diario de a bordo en el que relató, día a día, la marcha de la navegación y las situaciones que se producían entre los hombres de la tripulación. Éstos, en cambio, no dejaron escritos, porque no sabían escribir, como la mayoría de la gente en esa época, o porque estaban demasiado ocupados con las tareas que imponía navegar.

(…) Les di a algunos de ellos [de los aborígenes] unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron [tuvieron] mucho placer (…) después venían a las barcas de los navíos adonde nos [nosotros]
estábamos y nos traían papagayos (…) y otras cosas muchas (…). En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían, de buena voluntad. Más me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos [los aborígenes] andan todos desnudos como su madre los parió y también las
mujeres (…) ellos son (…) ni negros ni blancos, y (…) se pintan las caras y (…) todo el cuerpo (…). Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. (…) Ellos deben ser buenos servidores (…). Yo (…) llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar.
Del diario de viaje de Colón.

El 12 de octubre de 1492, en lugar de encontrar una ciudad imperial con príncipes montados en elefantes y llena de oro y especias, Colón
se topó con aborígenes desnudos, que no conocían el caballo ni la pólvora y nunca habían visto un barco grande. Como no existen documentos escritos por ellos, no podemos conocer a ciencia cierta qué pensaron de la llegada de las carabelas. Pero sí se conservan
textos aztecas que hablan sobre la llegada del conquistador Hernán Cortés y su gente, en 1519, a la principal ciudad, Tenochtitlán.

La perspectiva de los “indios”

(…) han venido no sé qué gentes y han llegado a las orillas de la gran mar (…). Hasta ya tarde estuvieron pescando y luego entraron en una canoa pequeña y llegaron hasta dos torres o cerros muy grandes y subían dentro, y (…) serían como quince personas, con unos como sacos colorados, otros de azul, otros de pardo y una color mugrienta (…), y en las cabezas traían puestos unos paños colorados (…), que deben de ser guardasoles (…).
CRÓNICA MEXICANA DE ALVARADO TEZOZÓMOC, CAPS. CVI Y CVII

Photobucket

Photobucket

About these ads