El 30 de octubre de 1983 fue un día histórico para nuestro país. Ese día volvieron a ser las urnas, como medio canalizador de la voluntad popular, las encargadas de elegir a nuestros gobernantes.
Aquel 30 de octubre, Alfonsín se convirtió en el primer candidato radical que pudo vencer al peronismo, y lo hizo por un amplio margen: obtuvo el 51,74 % de los votos (un total de 7.725.173 votos) contra el 40,15 % del Partido Justicialista.
Si bien su presidencia estuvo plagada de problemas, como la inflación, la alta deuda nacional, las constantes disputas laborales y el descontento militar, Alfonsín permitió que la democracia se consolide en la Argentina. Aunque 5 meses antes del tiempo determinado por la Constitución (debido a los grandes problemas económicos que afectaban al país), Alfonsín traspasó el mando a un nuevo presidente constitucional el 8 de julio de 1989.
Afortunadamente, 26 años después nuestro país sigue manteniendo aquella sana costumbre de elegir a sus gobernantes por medio del voto popular. Aún queda una cuenta pendiente para el pueblo argentino, que es lograr mejorar la calidad de los candidatos, pero ése es otro tema, que en nada desmerece las bondades de vivir en democracia.
Vivir en democracia es una situación normal para muchos chicos y jóvenes. Sin embargo, y lamentablemente, no ha sido una constante en la historia de la Argentina. Por eso es muy importante cuidarla, recordar hechos pasados y analizarlos detenidamente, para no volver a cometer viejos errores. Cumplir con los deberes y obligaciones que ella dispone y no sólo atribuirnos derechos, ya que nuestro derecho termina donde comienza el del otro, para tener una convivencia en paz.

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